"No siempre la comunicación política articula decisiones: son las decisiones las que debieran articular la comunicación política"Puesto a analizar el fenómeno de la mediatización de la política, Mario Riorda considera que existe una colonización de la comunicación en la política, producto del resquebrajamiento de las identidades vinculadas al sistema de partidos tradicionales y al predominio de la “personalización” de la política.
Decano de la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Católica de Córdoba, profesor de Política y Comunicación el la carrera de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales (UCC) y de Políticas Públicas II, en la Maestría en Gestión Política (UCC), sostiene que estas identidades se encuentran en un camino intermedio entre un proceso donde se yuxtaponen “lo viejo que no ha desaparecido, con lo nuevo, que no ha terminado de consolidarse “.
Sobre la influencia de los sondeos de opinión, remarca que las encuestas no alteran permanentemente los puntos de vista de la población y desmitifica su poder al asegurar que “ni siquiera son el reflejo constante de lo que piensa la población”.
Niega que la sustitución de actores, con la incorporación de deportistas o personas del mundo del espectáculo, provoque una despolitización del espacio público y afirma que estas experiencias demostraron “que han tenido tantos aciertos y tantas fallas como los políticos tradicionales”.
Riorda es además profesor en la Maestría en Gestión de la Comunicación de las Organizaciones de la Universidad Austral, del Instituto Universitario de Investigación Ortega y Gasset, España, del Doctorado de Ciencias Políticas del Centro de Estudios Avanzados, de la UNC, y enseña en distintos posgrados en España, México, Perú, Uruguay, Portugal y Canadá.
Realiza consultoría estratégica a gobiernos y partidos políticos: recientemente se convirtió en flamante asesor del gobernador de Misiones, Héctor Rovira y fue asesor del candidato a intendente de Córdoba por el Frente por la Victoria, Héctor Campana.
Publicó recientemente el libro “La construcción del consenso: gestión de la comunicación gubernamental”, en autoría con Luciano H.Elizalde y Damián Fernández Pedemonte.
-¿La mediatización de la política supondría plantear una política de la inmediatez, dejando de lado la formulación de planes y proyectos de largo plazo, que necesitan un mayor tiempo de reflexión y de implementación, como la contracara de la construcción que formula la lógica mediática, vinculada al corto plazo?
-En realidad la inmediatez que se tendería a imaginar efectivamente “mata” el largo plazo. Si se lo analiza desde una frase muy en boga actualmente, que es el concepto de “campaña permanente”, uno imaginaría que la respuesta sería obviamente sí. No obstante ello, depende más de la calidad de los políticos y del nivel de dificultad que se tenga en cada contexto donde los políticos actúen y digo básicamente esto, porque aquellos políticos que se podrían definir subjetivamente como estadistas, aunque juegan el corto plazo, incluso con jugadas muy brutales, muy explícitas o muy en campaña permanente, jamás abandonan la idea de proyecto a largo plazo, como norte, como rumbo o como “mito de gobierno”. Para que exista un mito de gobierno, se necesita para ello, un nivel de instalación de la lógica de largo plazo, que obviamente se traduce o queda instalada como una política de todos, como una política de Estado, como suelen utilizar muchos políticos sin saber que significa ello. En realidad cuando esto se logra, efectivamente puede coexistir el largo plazo con el corto plazo, es decir con la inmediatez. Aunque uno tenga una visión de largo plazo, visto desde la lógica política y como lo retransmiten los medios, nunca el largo plazo es más importante que el corto plazo. Lo mismo diría del corto plazo en relación al largo plazo. El día a día, que es el corto plazo es tan importante, ni más ni menos, que el largo plazo. Uno hace a la meta; el otro hace a las respuestas cotidianas. Ambos son necesarias.
-¿Las identidades políticas no terminan de licuarse o desdibujarse frente a las nuevas formas de ejercer la política mediante los medios de comunicación? o por el contrario, ¿las identidades políticas propician, ante esta nueva realidad, mecanismos distintos de realización?
-Si se consideran que las identidades políticas son estancas o estables, se caería en un error muy fuerte. Es probable que lo que se esté desdibujando o licuando sean aquellas identidades que corresponden, literalmente, al sistema de partidos tradicional tal como se conocen. Si imaginásemos rápidamente cuál es el sistema de partidos, en otro contexto, pero preferentemente en Argentina, diríamos que el sistema de partidos, de forma simplificada, es el clásico “uno versus uno” ; “blanco o negro”; “River versus Boca”; “PJ versus UCR”. Es mucho más complejo el tema, en el sentido que las identidades nunca se pierden. Tan sólo se trastocan o mutan las identidades del sistema político tradicional. En este momento y particularmente en referencia a lo que retransmiten los medios, se puede establecer que los medios no son ni culpables ni neutros, simplemente son una correa de transmisión de un fenómeno increíblemente importante que está trastocando los modos de entender la política en la actualidad, que es un problema estrictamente argentino, pero que también es un problema fuertemente latinoamericano, que lo constituye el rompimiento del sistema de partidos. Cuando se rompe el sistema de partidos estallan los partidos -recordando que el año pasado se oficializaron 500 partidos en Argentina-, estallan las identidades a la vieja usanza y se producen reacomodamientos. Estos reacomodamientos están hoy en un proceso que denomino de “transición estructural ”, que implica que es una transición que probablemente no tenga una salida inmediata hacia un nuevo sistema de partidos. Recién ahí probablemente, estemos nuevamente en alguna etapa de estabilidad de las preferencias políticas, de las identidades si se quiere. Más que licuarse las identidades, simplemente se transforman hacia un proceso que todavía hace coexistir lo viejo, que no ha desaparecido, con lo nuevo, que no ha terminado de consolidarse. Voy a dar un ejemplo. Hace poco tuve la oportunidad de trabajar en la campaña para la elección de gobernador en Catamarca, donde se produjo un hecho muy curioso: uno de los personajes más nefastos de la historia argentina contemporánea y del presente argentino como Luis Barrionuevo, tenía una intención de voto del 26% exactamente a su imagen negativa; todo el resto era imagen negativa. El voto real obtenido en el escrutinio fue del 36%. Hubo casi un 10% de la población, que pese a su imagen negativa, lo terminó votando, aún cuando las encuestas decían lo contrario. Podemos leer ese dato en el sentido de que el “pataleo” de las viejas identidades políticas, en ese caso el peronismo, todavía están coexistiendo con un nuevo modo de organizar las identidades. Incluso Catamarca fue la primera demostración pública del “River-Boca” jugando juntos, es decir del Frente Cívico-Social, con predominio radical, con el Frente para la Victoria, con predominio justicialista. Aún cuando las encuestas no lo determinaban, casi un 10% de la gente terminó votando con una identidad tradicional, frente a una propuesta electoral absolutamente novedosa en ese escenario.
El “orden” provisto por la comunicación política
-¿Hasta que punto la comunicación política, como sostiene María José Canel, articula la toma de decisiones políticas así como la aplicación de éstas en la comunidad?
-No siempre la comunicación política articula decisiones, sino es lo inverso, son las decisiones las que debieran articular la comunicación política. Si se considerase lo contrario, se generarían constantemente ficciones comunicativas, como creo que se generan. Las ficciones comunicativas se destacan por constituir un proceso de sobreestimación de expectativas indebidas, en el sentido de que la comunicación es más importante que la decisión política previa que daría origen a la comunicación. La comunicación entendida estratégicamente es un elemento transversal y es la política asimisma, solo que visto desde otro prisma. ¿Siempre el resultado de la comunicación política, especialmente la opinión pública, condiciona a la decisión política? La respuesta es no. Traigo a colación una expresión japonesa que es importante y que se denomina “Kuki”. Esta expresión representaría “el clima de opinión”. Es una expresión utilizada por Elizabeth Noel Newman, en el Espiral del Silencio, que va mucho más allá del clima de opinión. ¿Con qué identifican los japoneses al Kuki? Normalmente con una época histórica que determinó a los políticos japoneses a tomar decisiones pronacionalistas, entre otras cosas ir a la Segunda Guerra Mundial, cuando en realidad el imperio japonés de ese momento no tenía la fuerza suficiente para enfrentar una guerra, por lo menos frente a un coloso de ese momento como era Estados Unidos. Primo allí una determinación muy fuerte de la opinión pública, como efecto de la comunicación. Pero el clima de opinión de la opinión pública, como efecto de la comunicación política, no es lo mismo que el Kuki, porque el Kuki es el resultado de la comunicación política, en tanto opinión pública, pero que determina a los que toman decisiones. El clima de opinión, en todo caso, condiciona y es un elemento más. En el Kuki es un elemento, como señalé, que determina la toma de decisiones, a favor de una acción o una circunstancia particular. No siempre se da esta relación tan directa y depende de los contextos. Particularmente en contextos de crisis la toma de decisiones orientadas en función del estado de la opinión pública, como reflejo de la comunicación, es probablemente mucho más corta.
-Para el sociólogo en comunicaciones, C.W.Mills, el objetivo de los mensajes en los medios, con apelaciones a actitudes irracionales, censura o invención de informaciones, no redundaría en el esclarecimiento y la promoción de una acción política en defensa de una ideología sino más bien en la neutralización política de la mayoría, excluida del sistema de poder. Con relación a esto, ¿los medios jugarían este papel de consolidación y perpetuación de un determinado statu quo, con el objetivo de impedir el cambio político y reforzar estructuras de un “orden”, entendida en su acepción más general?
-El pensamiento de Mills es absolutamente respetable pero ha quedado viejo: pensaba en un viejo sistema de medios que obviamente no es el actual. En el viejo sistema de medios la idea de que muchos-pocos informaban a todos. Hoy, especialmente con el auge de las nuevas tecnologías, todos informan a todos y todos se informan de todos. En este sentido la lógica del statu quo es una posibilidad, pero también puede existir lo contrario. En realidad lo que plantea Mills está muy cercano a la idea de que se conocía como el modelo clásico de investigación, el cuál era pensado en su momento con una televisión incipiente e imaginaba que los cambios políticos eran mínimos y siempre se favorecía el status quo. Actualmente existen situaciones de medios más cerrados donde eso puede darse y existen también situaciones de sistemas de medios abiertos, donde eso es impensable y absolutamente improbable. Esta idea tipifica un sistema de medios homogéneo que no es tal. La existencia de mensajes en los medios como si hubiera una sola sala de redacción, un solo productor, un mismo esquema ideológico y una misma articulación de intereses, particularmente de “sponsoreo” de los medios. Esto no es así de ninguna manera y cada país, cada provincia y cada municipio es un mundo aparte en el sistema de medios, con su propia definición legal del sistema de medios y por ende los efectos de los medios de comunicación, llamase irracionalidad, censura o desinformación no son homogéneos.
La agenda política en base a encuestas
-¿De qué forma la ingerencia o preeminencia cada vez mayor de la opinión pública condiciona las nuevas formas de hacer política y la disposición de sus prácticas concretas?
-En el marco de la opinión pública hay que separar claramente algunos procesos más estables de la opinión pública con algunos procesos más inestables, dinámicos o coyunturales de la opinión pública, que son los que normalmente reflejan las encuestas. Las encuestas no cambian los puntos de vista a cada rato de la población, ni siquiera son el reflejo constante de lo que piensa la población. Las encuestas tienen muchas manipulaciones. Asimismo, existen situaciones donde las encuestas pueden producir efectos, lo que nadie sabe es hacia dónde produce el efecto, si hacia arriba o hacia abajo. Por ejemplo, todos los políticos que están segundo, tercero o cuartos, tienen miedo que se publique una encuesta al final de la campaña, porque cree que eso va a favorecer al que está primero. Esto se denomina en inglés el efecto “Banwine” o subirse al “carro del ganador ”. Esto es un efecto probable pero no siempre se da eso. Tranquilamente puede darse un efecto contrario, como se ha dado muchísimas veces, donde un candidato ganador, con semejante distancia que tiene, produce un voto estratégico a favor del segundo, precisamente para acortar distancias, en el marco de un poderío excesivo hacia alguien. Las encuestas muchas veces producen efectos pero nadie sabe para dónde. Cuando hablo de las encuestas, me refiero a uno de los modos de cristalizar la opinión pública. Existen encuestas que probablemente son las menos perjudiciales para los políticos pero para mi entender son las más perjudiciales para instalar temas, especialmente cuando las encuestas son sesgadas a favor de alguien, que son las encuestas preelectorales. Las otras hablan tan solo de una opinión que tienen en cuenta la intención de voto. Estas instalan temas y cuando instalan temas son los que curiosamente, a aquel que tiene más poder de agenda, le resulta más cómodo hablar durante la campaña. Normalmente estas encuestas no se critican, son habituales y muchos más peligrosas en el objetivo de instalar agendas. Es probable, que a partir de aquí, se vayan gestando climas de opinión, pero es algo tan causístico y tan variable que sería difícil teorizar para todos los contextos.
-¿La selección de candidatos mediante las encuestas no rebaja la calidad de la política que se ofrece al ciudadano o por el contrario, puede ver desde un lado positivo porque obedece al mandato de una “democracia de la opinión pública”, reflejando el deseo de la mayoría?
-No tengo una posición tomada. Está claro que existen muchos autores que critican la democracia, como democracia de baja intensidad, delegativa y mucho más reciente democracia plebiscitaria. Desde ese punto de vista, para esos autores, caso Giovanni Sartori quien habla de democracia plebiscitaria, la selección de candidatos a través de la selección de encuestas sería claramente algo negativo. La pregunta es con que características históricamente se decidía antes, cuando la lógica mediática no era tan fuerte y cuando no existían las encuestas. No se era ni tan transparente como se quisiera, ni tan democráticos como lo imaginaríamos. Sea porque la democracia como tal en sentido clásico nunca existió; sea porque la cantidad de contubernios con los cuáles antes se seleccionaban los candidatos, seguramente dejarían actualmente a más de uno espantados. No es ni mejor ni peor, solamente es. Es un dato que en realidad es un reflejo de una época, en donde existe una colonización de la comunicación o del sistema de medios en la política. La política está claramente colonizada por el sistema de medios, le imprimió su lógica y a partir de esa lógica la política responde. Unos de los modos de responder por estos mecanismos de selección, que insisto, no son ni buenos ni malos y son absolutamente tan válidos y legítimos como cualquier otro.
-¿Cómo se estructuran los mecanismos a partir del cuál la mediatización de la política favorece el ingreso de figuras ajenas al mundo de la política, como deportistas o personas vinculadas al espectáculo –aunque también se suman periodistas, empresarios, entre otros-como los casos más destacados de la incorporación de ciudadanos extrapartidarias? La sustitución de actores ¿provoca una despolitización del espacio público y esto se ve promovido por la misma lógica mediática?
-No de ninguna manera implica una despolitización del espacio público. En todo caso se verifica un reordenamiento de la escala de valores del espacio público. Al respecto, coexisten varios elementos: en primer lugar, como decíamos, la colonización política por parte de lo medios, como dato incuestionable; en segundo lugar, el rompimiento del sistema de partidos y este rompimiento produce como una consecuencia directa, lineal y visible en el cuál priman más los líderes y personas por sobre los partidos, lo que se denomina la “personalización de la política”. También en el marco de todos los ejercicios estratégicos de la comunicación política, la personalización está acompañada de otros elementos: campañas negativas y enormes procesos de emotividad asociadas a la comunicación. En esta lógica es probable que muchas personalidades que vienen por fuera de las estructuras partidarias, tengan posibilidades ciertas, especialmente por sus niveles de conocimiento, por su adhesión pública, por sus niveles de popularidad, de “cabalgar” sobre esta lógica con facilidad, que notablemente los políticos no tienen o por lo menos muchos no tienen. No es un proceso que implica despolitización. Es un proceso que transforma el espacio público. Es probable, es imaginable pensar que esta “gente” no se ha formado, no ha hecho el curso “honorum” que se imaginaría de un político en el marco de la experiencia, pero también conociendo a los políticos, aquellos que han permanecido mucho tiempo a lo sumo pueden tener mañas pero no necesariamente conocimientos ni formación. Las experiencias también de todos los “outsiders”, o nuevos en política o extrapartidarios, en el marco de la causística, en el marco de la evidencia empírica, ha demostrado que han tenido tantos aciertos y tantas fallas de una manera equivalente que el político tradicional, con lo cuál tampoco me preocupa este tema. Existe gente inteligente que, aún viniendo de fuera de la política, tiene actitudes realmente fenomenales.
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