viernes, 18 de mayo de 2007

Las modificaciones en la política

Los cambios que se vienen detectando en las modalidades de acción política dejan al descubierto un cúmulo de consecuencias: se presentan algunas situaciones nuevas y la desaparición irremediable de formas del pasado, que fueron importantes en un interregno determinado.
“Los diversos “juegos de lenguaje” que pueblan las sociedades históricas posteriores a la ruptura moderna del orden global se complejizan y diferencian a una velocidad arrolladora, provocando que la creencia ilustrada en la capacidad articuladora de la política se desvanezca. El orden social se ha fracturado y en los países coexisten procesos de globalización financiera, comercial y cultural con profundas y crecientes divisiones internas. Así, representar lo social parece volverse imposible, pues no hay forma de establecer relaciones homológicas en ese juego fracturado, cambiante, heterogéneo y complejo en el que se ha convertido la sociedad “, explica el politólogo Juan Abal Medina (h).
La realidad política se modificó aceleradamente en los últimos tiempos, al calor del debilitamiento del Estado-Nación y del protagonismo de nuevos emergentes que alteran lo constituido tradicionalmente.
Para Abal Medina (h) asistimos a la presencia indetenible de la fragmentación de una sociedad cada vez más dispar, en el cuál los grupos sociales se desvanecen, los intereses se formulan de forma cada vez más individualizados y pierden sentido el conjunto de las identidades como las clases sociales o las naciones.
En este marco, los actores políticos deben asumir estos cambios, establecer nuevas pautas de interacción y definir una propuesta distinta porque -como precisa Abal Medina (h)- “el ciudadano medio visualiza lo político como algo distante y remoto, un mundo “sucio” plagado de comportamientos egoístas, estratégicos e hipócritas en el que él no tiene ninguna capacidad de acción. Esto lo lleva a un mayor desentendimiento con la política, que es empujada a su vez a asumir mayores niveles de autorreferenciación “.


La crisis de los partidos políticos

De acuerdo al punto de vista de Juan Abal Medina (h), durante décadas el juego representativo funcionó de forma satisfactoria en la política occidental, porque los partidos estructuraban” el campo político, representando en él a los actores sociales, pero asistimos en el presente -de acuerdo al sociólogo Oscar Landi- a un proceso de debilitamiento de las doctrinas partidarias y de las utopías sociales, combinado con la propiedad de determinados “saberes técnicos”, dispuestos a apropiarse de temas que hacen al funcionamiento global de la sociedad.
Un conjunto de nuevos actores se imponen, dotando de sentido y, por ende, alterando las subjetividades colectivas.
“Los mecanismos de representación como los partidos deben competir con redes de poder y reconocimiento que incluyen a sectores del mundo de las finanzas, de la iglesia, de las fuerzas armadas, de los medios de comunicación de masas, de las mismas élites políticas “, estipula Landi.
Esta concepción, que delata repercusiones innegables en la estructura política actual, también es esbozada por María Mata -investigadora en comunicación del Centro de Estudios Avanzados, de la Universidad Nacional de Córdoba- quien precisa que “las relaciones e imaginarios político-sociales se modifican, entre otras cosas, por la pérdida de peso específico de los partidarios en el proceso de formación de las decisiones del Estado, su precariedad institucional como articuladores de proyectos diferenciados y en competencia, como espacios de identificación y representación de la ciudadanía, y por el correlativo protagonismo de actores no estrictamente partidarios (empresas, funcionarios, banqueros) en los procedimientos de formación del poder “.
El Informe “La democracia en América Latina”, del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), que evalúa Quién ejerce el poder, revela que los Grupos Económicos o financieros lo hacen en un 79,7%; los Medios de Comunicación en un 65,2%; el Poder Ejecutivo en un 36,4%; los Partidos Políticos en un 29,9% y las Fuerzas Armadas en un 21,4%.
Aunque este informe es de hace algunos años, queda expuesto la crisis por la que atraviesan las instituciones tradicionales y el catapultamiento de otros poderes que influyen en las resoluciones de los poderes públicos.


Su resultado

Esta crisis de las agrupaciones partidarias tiene su derivación en su endeble participación en el Parlamento, en un proceso contínuo de pérdida de credibilidad, como un comportamiento que se ve deslegitimado.
“El sistema de partidos y su labor en la deliberación y decisión parlamentaria han quedado “congelados” en el pasado, sin lograr ajustar sus funciones al nuevo contexto. En el anterior modelo de organización social, centrado en el Estado, los partidos en el parlamento formaban una instancia en agenda política y, por otra parte, llevando las alternativas en pugna al debate público. Exclusión del proceso efectivo de decisión, los partidos pierden su capacidad creadora de identidades colectivas. En resumidas cuentas, instituciones básicas de la democracia como el sistema de partidos y el parlamento poco contribuyen –en ausencia de una redefinición de su papel- al manejo político de los cambios sociales. “, asegura el politólogo Norbert Lechner.
Obviamente los escenarios políticos se modifican, las reglas de juego determinan una adecuación que brinde respuestas a las demandas que se generan.
“Los clásicos partidos de masas atraviesan actualmente por un periodo de cambios profundos, al compás de una serie de transformaciones que convierten a la sociedad en un texto de difícil lectura e interpretación, transformaciones que vuelven a la sociedad opaca y carente de un principio de orden discernible. Los partidos pierden de ese modo su referencia a grupos sociales preexistentes, y deben ellos mismos –mediante la intervención crucial de sus líderes –activar e incluso contribuir a producir los clivajes sociales que pretenden movilizar “, interpreta la politóloga Inés Pousadela
Experimentamos una mutación del rol tradicional de las agrupaciones políticas, situación que es expuesta de la siguiente forma por Abal Medina (h): “Los cambios en el juego social llevaron a los partidos a una transformación radical. Poco a poco fueron abandonando sus antiguos compromisos, prácticas y funciones para tomar su lugar en el juego político contemporáneo, que es cada vez más autorreferencial. El sistema de partidos, como señala Danilo Zolo, no puede seguir siendo visto como un mecanismo agregador y representador de voluntades políticas que surgen en la base social “.


Sin distinciones

Esta alteración de las modalidades de funcionamiento de los partidos políticos -al verse impugnado el voto cautivo- despliegan otro tipo de estrategias para captar voluntades. “Call all parties” se denomina a esta búsqueda racional para promover adhesiones, descripto por el sociólogo Oscar Landi como “partidos también de agregación de clientelas y bases heterogéneas”.
En el análisis que expone Landi de las condiciones de funcionamiento en Argentina de los partidos -centrados en una opción “call all parties”-, marca diferencias notables con otros casos: “En ciertos países europeos, estos partidos se van conformando a partir de una sostenida estabilidad institucional, cierta mayor homogeneidad social, el aumento regular de la competencia electoral entre ellos, teniendo su sede principal de representación y acción en los parlamentos “.
Los partidos parecieran ser en la actualidad sólo una plataforma de acceso al poder, dejando atrás la importancia de sus propuestas, símbolos o liturgia, que explica una de las causas de su desapego actual –como se pensó alguna vez- como vías de transformación de estructuras políticas, económicas y sociales.
“A pesar de la participación masiva en los comicios de Octubre de 2005 no se ha borrado todavía la tendencia a la disolución de partidos nacionales ni se ha superado la crisis de representación. Se han constituido “expresiones electorales”, que no alcanzan el estatuto de partido, organizadas en torno a la personalidad de los líderes locales, los arreglos electorales, y no en base a programas, y mucho menos a ideologías. Esas expresiones no construyen identidades políticas ni están sujetas a estabilidad o permanencia alguna. Muchas de ellas se han construido gracias a la fuerte migración política, merced a una especie de “candidatos itinerantes”, de candidatos que ayer lo fueron de un partido, hoy de otro, y tal vez mañana de uno diferente, pero siempre menos orgánicos e ideológicamente más difusos “, evalúa el politólogo Hugo Quiroga.
Se ven frustradas entonces una de las alternativas posibles -a través de los partidos- de participación de los distintos sectores sociales en la conformación de la agenda pública, reflejado en la apreciación esgrimida por Lechner, en el sentido de que “el sistema de partidos poco aporta a elaborar pautas interpretativas que permitan estructurar las diferencias de intereses y opiniones en opciones políticas y voluntades colectivas. Muchas veces suele operar como simple mecanismo electoral y clientelar en función de la distribución de cargos públicos. Ello incrementa la distancia entre las decisiones políticas y sus efectos en la vida cotidiana, inhibiendo la participación ciudadana. Los ciudadanos no llegan a comprender los dilemas y restricciones que condicionan las decisiones política y, por ende, tampoco pueden evaluar adecuadamente el desempeño político”.

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