lunes, 21 de mayo de 2007

Héctor Schmucler, Especialista en comunicación

"Lo mediático en la política es parte de el sistema de orden económico-cultural que domina el planeta"


Ex director de la Maestría en Comunicación y Cultura Contemporánea del Centro de Estudios Avanzados, de la Universidad Nacional de Córdoba, considera que la política se ha transformado en una “gran construcción de orden mercantil”, en el que se privilegia acumular fuerzas para ganar votos.
Profesor Emérito de la UNC y coordinador del Programa de Estudios de la Memoria en el CEA, destaca que dentro de ese contexto, entiende la presencia de lo medios de comunicación como integrantes de una estructura política de tipo comercial, usados para tal fin.


-¿Qué particularidades propician las nuevas instancias mediáticas como lugares de producción de sentido político?

-Empezaría por otro lado. Para poder reflexionar sobre lo mediático como cultura de la época y lo político, habría que hacer una introducción que consiste en señalar que lo mediático domina todo. Lo mediático se ha transformado en dominante por distintas circunstancias, en las cuáles el eje lo cumple las formas actuales de la estructura socioecónomica-cultural del mundo, caracterizada por el domino casi absoluto de lo mercantil como centro de estructuración de la relación entre los seres humanos. Que este modelo de relación humana haya sido atravesada por lo mercantil es el punto de partida para pensar el papel de lo mediático. La mediatización de las relaciones sociales y humanas tienen que ver con un orden cultural, económico y político que domina cada vez más el mundo. Para decirlo de otra forma, son los rasgos del capitalismo contemporáneo en el cuál lo mediático es parte de ese sistema global de orden económico-cultural que domina el planeta. Está el proyecto, la idea y la necesidad de un capitalismo globalizado que estimula sus instrumentos, entre otras cosas lo mediático. Somos parte de una misma voluntad cultural y no meros instrumentos ocasionales. En eso se incluye lo político, porque lo político también pasa a ser cada vez más una especie de gran construcción de orden casi mercantil. Las viejas ideas de proyectos más o menos autónomas de sociedades, de aspiraciones de cambios de la sociedad y de organizar a las sociedades ha derivado en la aceptación del “proyecto”, entendido como dado, como aceptado. No se está hablando de transformaciones de los modelos sociales existentes sino de quién va a controlar esos modelos y para esto la política se ha vuelto una pura negociación para acumular fuerzas, fuerzas que pueden reportar votos. El gran negocio es juntar fuerzas y ahí entra en escena lo mediático. Así como se vende un dentífrico, el rostro de alguien, una idea de alguien sobre tal cosa, el deporte o como se vende el “alma”, así se vende lo político. Lo mediático no es que modifique lo político, es parte del ser político. No se concibe una política sin este instrumento, pero exactamente si uno pone una empresa de venta de televisores, uno de los puntos de partida es la promoción pública. No hay diferencia. Lo que se llama política ha ido perdiendo toda pertinencia, para ser simplemente un proyecto de acumulación de fuerzas a través de alianzas de conveniencias, como un socio se junta con otro socio para poner una empresa. En todo el mundo es similar y la Argentina es parte de eso. Lo mediático es el instrumento actual de venta de candidatos, no distinto de lo que ocurre en Francia, en Inglaterra o en Alemania, países con una situación política y económica distinta a la nuestra. Mi punto de referencia, entonces, es la sociedad que se ha constituido y los modelos culturales aceptados cada vez más por sectores más amplios. No es un grupo que lo impone, aunque hay grupos que lo tratan de imponer, sino que desgraciadamente es el sentido común. Parte muy importante de la población lo ve como un hecho natural y sobre todo los más jóvenes, porque lo más jóvenes no tienen el referente de otra forma de hacer política que no sea la del negocio. Pensar la política como una vocación, como una voluntad de realización de sí mismo, por lo tanto como una entrega generosa, no vinculada a intereses materiales directos, hoy es casi inconcebible y es tan inconcebible que se naturaliza, de que todo es una transacción, todo es una compraventa. Esta es la tragedia contemporánea que vivimos. El mundo entero está constituido en una especie de gran supermercado donde todo se compra y se vende. Esto se conecta con el orden de valores sobre los cuáles se monta una cierta imaginación de lo que tendrían que ser las sociedades y los seres humanos. Hablo desde la protesta, desde lo que no me gusta. Son concepciones de tipo ético-filosóficas, de un sentido del ser humano en el mundo. Si no vamos hasta esta hondura, todo lo demás se vuelve superfluo.

-Los medios de comunicación adquirirían para Jesús Martín Barbero el status de “ciudadanización de la política”, como un proceso de expresión de intereses y anhelos adheridos a las lógicas mediáticas, como efecto de la caducidad de las estructuras representativas propulsoras de proyectos colectivos. ¿Esta concepción no deja de lado la posibilidad de reconstituir lazos políticos perdidos entre representantes y representados, al hacer recaer demasiadas atribuciones en las diferentes modalidades de la comunicación?


-Sí, definitivamente. Se vuelve a las viejas ideas que el propio Jesús Barbero ya las había criticado en su momento. No hay una pureza de la política y los medios. Hoy en día, por las razones anteriormente expresadas, está absolutamente vinculado. No sé como se revierte esto sino no hay otra concepción de lo político. Lo central no está en los medios, que no son más que instrumentos centrales para hacer política, sino en la concepción de la política. La falta de proyectos alternativos a los existentes, que es la posibilidad real de una política, inhibe de generar otras formas de acción y como lo mediático atraviesa todo, sería inconcebible hoy, como señalé, algo que no pase por lo mediático. Nada deja de pasar por esta red cada vez más amplia, que cada vez tiene más forma técnica diversa desde lo mediático tradicional hasta las redes, como una gran trama por donde circula una forma de ejercer distintos proyectos. El proyecto político si pretende pugnar por otro modelo de sociedad de hecho se inhibe a ser puramente mediático, porque en la concepción de lo político transformador, innovador, que tiende a subvertir las formas de la sociedad contemporánea, no se contenta con simplemente salir en televisión, porque pretendería tal política ganar la voluntad de las personas y no simplemente venderles cosas. No se trata simplemente de hacer un acto en el centro con 25 personas, cuatro bombas y cinco cámaras de televisión: así este grupo ha tenido un triunfo enorme porque todas las cámaras lo han sacado; eso no convence a nadie. Pero lo político en otro sentido, en el sentido de proyectos de sociedades distintas a la que tenemos, necesita de la voluntad, de la convicción para actuar y vivir de otra manera y no sólo de la adhesión. A veces esos proyectos políticos innovadores, transformadores, “subversivos” en el sentido más fuerte ya que subvierten el orden existente, requieren renegar de muchas de las cosas por las cuáles hoy la política gana adeptos. Esa política no necesita lo mediático, porque no se vende. Es un problema de convicción personal, la necesidad del diálogo, de la interacción entre la gente, no la de conquistar votos. Mientras la política sea la pura conquista de votos, hoy no hay más solución que lo mediático, no hay otro camino. Pensar que lo mediático jibariza, achica, reduce, degrada la política es pensar que hay una buena política, cuando en realidad la política está planteada así. Los candidatos que hoy están en circulación en la nación, en la provincia y en el municipio no piensan más que en términos mediáticos, no porque estén pensando otra política, sino porque ese es el objetivo, como ganar votos. Esto tiene cierta lógica y no habría que escandalizarse. Un personaje denostado, vilipendiado, un mes antes pasa a ser aliado de aquel que era su enemigo, porque es un negocio.

Proyectos personalistas


-La mediatización de la política, por sus modos de funcionamiento, ¿profundiza los estilos de liderazgo personalista, en detrimento de las instituciones? ¿Ante esta realidad, qué nuevas estrategias de poder se plantean?


-Es evidente que hay personas, no hay ideas. Lo único que ve en las calles son figuras que tienen un prestigio previo porque han sido buenos deportistas o actores, pero nadie expone ideas. No hay debate, sólo cosas generales que todos coinciden. Que candidato no va a decir que no se va a preocupar de la salud, la seguridad y el empleo. Es más de lo mismo y son rostros. A tal punto llega el personalismo que es exactamente lo mismo que Susana Giménez, que es una de las que vende su show, su presencia, su mitología, la imaginación colectiva y una ilusión. Dentro de eso no hay un proyecto, salvo la cristalización en una persona de una especie de esperanza de algo colectivo, que se va convirtiendo en un modelo. Sería interesante hacer un estudio para ver quién reconoce detrás de los rostros partidos político qué representa cada uno, máxime en un momento como este, donde la gran parte de los candidatos son la “promesa” no de la adhesión al poder central, sino la promesa de quién va a conseguir más plata del poder central. Se dice que “yo voy a conseguir más plata porque soy amigo del Ministro de Transporte”, que es kirchnerista y el otro dice que “va a conseguir dinero porque Kirchner lo recibe”, pero en realidad no son adhesiones de ideas, son adhesiones de negocios. El gobernador de éxito es el que más plata pide y consigue de la Nación. Mientras la soja siga produciendo los millones de dólares que van quedando en las arcas del Estado, es difícil pensar que puede haber una puja de ideas. Se puede hablar del medio ambiente, pero yo nunca escuché a ningún político que dijera que habría que controlar la producción de soja, aún cuando en otros espacios reconozcan de que esto puede ser fatídico para el porvenir del país. Cuando la responsabilidad alcanza al presente y no al futuro, no puede haber proyecto. No hay proyecto político ni una auténtica política sin pensar en el futuro, sin hacernos responsables nosotros también de nuestros hijos, de nuestros nietos, pero no porque sean nuestros hijos o nietos, sino en un sentido de solidaridad de aquellos que vienen.


-¿La video política, como la concibe Giovanni Sartori, implicaría una pérdida de la capacidad de análisis y reflexión del ciudadano en la ponderación del significado y de las formas en que se enuncia la política?


-Lo que se pierde, o tal vez nunca existió, es el sentido de lo político, en cuanto no a una mera acumulación de poder, sino como proyectos diferenciados de estructura de la sociedad. Esta es la gran crisis. Estamos ante el fin de la historia, como se ha dicho tantas veces, porque no hay proyecto alternativo, salvo matices. No hay otra manera de existir, sino la de uno cada vez más poderoso económicamente que da satisfacción a apetencias que se han ido generalizando. Hasta hace algunas décadas, había la idea de sociedades pobres como sociedades de hombres ricos espiritualmente. Este es un proyecto. La idea del socialismo originariamente, para muchos tenía este sentido, no la acumulación de riqueza sino de la posibilidad de desarrollo de cada uno en toda sus capacidades, en toda su plenitud, en sentirse en seres humanos cuya vida tiene algún sentido. A medida que ha ido triunfando e imponiéndose la cultura de la pura riqueza, esto ha quedado en el campo de lo ridículo, que mueve a risa o a lástima. Sin embargo, es el único camino de real transformación porque se muestra que donde abunda la riqueza no necesariamente abunda el bienestar humano. Y si la mira de un proyecto político no es el bienestar de los seres humanos, no tiene mucho sentido.

Democracias de opinión


-Los cambios en los modos de hacer política, privilegiando su forma mediática, ¿impondrían, como afirma Beatriz Sarlo, la vivencia de un nuevo tiempo demarcado por una democracia de la opinión en contraposición a una democracia de las instituciones?


-Me parece que van vinculadas las dos cosas. Si no piensa que debe haber un franco debate, si no se piensa que hay por debajo de todo interés o por encima de todo interés la voluntad de la verdad, producto de la confrontación de ideas y de proyectos, si la opinión está condicionada por las consecuencias de ganancia o pérdida que se va a tener, todo lo que se puede llamar democracia, la participación colectiva de la gente en el interés público, se vuelve puramente retórico. Este es el punto clave, de cómo evitar el miedo a decir algo, de pensar con libertad. La democracia si no tiene como sentido el poder hablar sin temor, no sirve para nada, no llena el ideal que la proclama. El tema es más amplio que la pura relación mediático-político. Hay una manera de pensar en que sentido los seres humanos vivimos plenamente nuestras vidas y no somos simplemente tuerquitas de una gran máquina que no hemos construido nosotros.


¿Qué tipo de gestión de la política se construye a partir de la preponderancia de los sondeos de opinión? De la forma como observamos son adoptadas actualmente las encuestas por los políticos, ¿no implicaría dar paso al imperio de la mayoría, promoviendo un espacio de decisiones políticas delimitados por la unanimidad y la homogeneidad?


-La política hecha con encuestas es ver cómo mejoramos el producto para que lo compre más gente y lamentablemente este es el criterio dominante de la política, desde las estructuras estatales hasta el último grupo de acción política aspirando a llegar al gobierno. La concepción es como me acomodo, como acomodo mi pensamiento para ganar cada vez más votos, qué puedo decir y que no puedo decir. Implica que hay una verdad que no puedo decir porque hay 55 votos que pierdo, entonces “me la trago”. Pero así estamos construyendo una política de las encuestas. Significa porqué lado le buscamos para que más gente lo compre, dentro de ciertos parámetros, pero que tiene como objetivo la captación del “cliente”. Cuando la política es mirar el mundo como cliente, para que compre un candidato, estamos ante la situación de repensar todo lo que significa la política.

No hay comentarios: