viernes, 18 de mayo de 2007

Los medios como actores políticos

“Ya no son los gobernantes ni los políticos los que dialogan constantemente con la opinión pública, ni es la soberanía popular, la sociedad, la que dialoga directamente con políticos y gobierno. El diálogo entre individuos y sociedad, sociedad y políticos, políticos y gobierno, se realiza, en buena medida, a través de los medios”.

Hugo Osorio Meléndez, catedrático chileno.



Para María Mata -directora por el Cono Sur de la FELAFACS (Federación Latinoamericana de Facultades de Comunicación Social)- los medios son los principales mediadores entre los espacios clásicos de la política, aquellos tradicionalmente legitimados -como el gobierno, el parlamento, los partidos- y el público masivo, ponderando la comunicación como “una trama compleja de escenarios, actores, dispositivos y discursos ”, según entiende la antropóloga mexicana Rossana Reguillo.
La mediación entre los “poderes” y la ciudadanía, da paso más tarde, según aseguran Stella Martini y Lila Luchessi - investigadoras en medios masivos-, a que “los profesionales de la prensa se convierten en los propios sujetos de la enunciación de la información “.
Concebido de esta forma, resulta imprescindible la disposición de una información social que tenga como objetivo el de esclarecer y ayudar a entender a los ciudadanos y considerar irrenunciable la articulación de una capacidad “crítica” que pondere que la comunicación debe contribuir significativamente al desarrollo y reafirmación de sujetos libres, responsables y protagonistas de su porvenir.
Si como estima, la antropóloga Rossana Reguillo, los principales “proveedores” de representaciones en la actualidad son los medios y las industrias culturales ”, se entiende el papel destacado que le toca a la industria informativa en la atribución de sentidos colectivos y en su disposición de “proveer insumos reflexivos para potenciar las competencias ciudadanas”.


Atribuciones

Reguillo cuestiona la perniciosa situación por el cuál “la gente considera más confiable el discurso de los medios que el de las instituciones oficiales, cree más a los periodistas que a los políticos y sobre todo –he aquí lo más peligroso-, asume que los medios de comunicación son espacios neutros dotados de una altísima legitimidad para representar los problemas y los debates nacionales. Por supuesto, esto no es homogéneo, pero los contraejemplos, es decir, la resistencia frente a unos medios todopoderosos han costado caro a ciertos movimientos sociales que son invisibilizados o constantemente cuestionados por esos espacios corporativos que controlan el espacio público. Muchos de estos movimientos terminan por ser rehenes de la fotografía que los medios construyen sobre ellos y devienen reacción y no acción política ”.
La realidad, al parecer incontrastable, de medios catapultados a una posición de privilegio, lleva a pensar que tipo de mensajes transmiten.
“Se puede acudir a múltiples relatos latinoamericanos o globales para “documentar el pesimismo” –como diría Carlos Monsiváis-, respecto a la posición estructural que ocupan en la actualidad los medios, aunque interesa más destacar que este proceso, el de unos medios que sustituyen a la instituciones, constituye –sin avanzar ningún juicio de valor- el piso en el que los ciudadanos construyen, alimentan e intercambian su noción de lo público, del país y del mundo imaginado. Y este país y este mundo que caben en los medios de comunicación son reflejos (salvo pruebas en contra) simplificadores, binarios y atemorizantes ”, valora Reguillo.
Este rol que se le asigna a los medios debe hacer reflexionar sobre qué posiciones ideológicas -y porque no políticas- se encuentran ubicados los mismos y si contribuyen a recrear y fomentar una escena social más democrática y justa.
Sobre esto, resulta apropiado traer a colación un concepto del intelectual francés Alain Minc, que habla de “la mediocridad de la información social” dispuesta por los medios masivos, en función de considerar “la denegación de la información de base sobre recursos y proyectos económicos y sociales”, como sostiene Mata.


Saber para actuar

El sociólogo C. W. Mills, especialista en comunicación de masas, señalaba que la complejidad de la estructura social hace cada vez más importante el conocimiento de los hechos sociales para decidir que posiciones políticas deben adoptarse.
Entonces, la vida de los sujetos dependería cada vez más de los mensajes de los medios, reforzado por la intención de los mismos de concitar la máxima repercusión posible sobre los temas de interés general.
La significación de las cosmovisiones construidas por las modalidades mediáticas, entonces, adopta trascendencia al reconocer -como vimos anteriormente- su influencia como hacedores de acciones de sentido público.
“A partir de estos modos de presencia emblemáticos de la ciudadanía en los medios masivos de comunicación, ellos han construido una representación de sí mismos como espacios de saber y colectivización de saber vinculados con la condición ciudadana, como lugares insustituibles para la vida en común y la producción de la política. Desde la visibilización de la exclusión hasta la proposición de alternativas para el ejercicio de las decisiones, pasando por sus ejercicios investigativos y la escenificación de debates en torno a cuestiones de la más diversa índole, la radio y la televisión se erigen a sí mismas como insustituibles recursos para la acción de las grandes mayorías sociales en tanto ella requiere de datos, informaciones y nociones que la orienten ”, destaca Mata.

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