lunes 21 de mayo de 2007

Fernando Ruiz, Politólogo

"La política nace mediatizada"


En una entrevista concedida por correo electrónico aborda distintos aspectos de la compleja imbricación entre la política y los medios de comunicación en la sociedad contemporánea y su construcción mutua.
Fernando Ruiz es Licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad Católica Argentina (UCA) y Doctor en Comunicación Pública por la Universidad de Navarra, España.
Es profesor de Historia de los Medios de Comunicación y de Periodismo y Democracia en la Universidad Austral de Buenos Aires.
Colabora con organizaciones e instituciones, entre otros la Fundación Konrad Adenauer y Cadal. Asimismo, fue coordinador del libro “Prensa y Congreso, trama de relaciones y representación social”, junto con Carlos Álvarez Tejeiro, Luciano H. Elizalde, Damián Fernández Pedemonte y Hugo Alconada.



-¿En qué medida la mediatización de la política expresa la crisis de legitimidad de la clase política y de las instituciones representativas?


-Ocurre que los medios son también "instituciones representativas" y lo han sido desde su inicio. La representación política es un proceso complejo que no se agota en algunas instituciones formales, como una legislatura o un poder ejecutivo. La política nace mediatizada en el sentido de que siempre dependió de la comunicación para comunicar su representación y, así , obtener su legitimación.


-¿La situación actual de un aumento de los votos impugnados, en blanco e indecisos y la casi desaparición del voto cautivo refuerzan los procedimientos de la comunicación política, entendido como la profundización de las posibilidades que otorga la propaganda política y los sondeos de opinión?


-Sí claro, hay menos estabilidad en las preferencias ciudadanas, son más volátiles, y por lo tanto hay más necesidad de mantener la presión comunicativa.


-Con el propósito de lograr el dominio de los medios, ¿los políticos no descuidaron el manejo de su propia esfera, como sostiene Eliseo Verón ?


-¿En qué época no aprendieron los políticos, sagazmente, a usar los medios de comunicación? Además, los medios de comunicación están en el interior de la esfera de la política, y no fuera de ella. Los medios son actores políticos desde que nacieron. Antes incluso de que nacieran los partidos políticos.

-¿La video política, como la concibe Giovanni Sartori, implicaría una pérdida de la capacidad de análisis y reflexión del ciudadano en la ponderación del significado y de las formas en que se enuncia la política?


-Sartori está loco.


-¿De qué forma los nuevos modos de acción colectiva y de protesta se articulan a través de los medios de comunicación? ¿La búsqueda a priori de visibilización social de estos movimientos mediante la utilización de la instancia mediática se podría entender como la pérdida de la función integradora de la política?


-Dejemos de analizar a los medios como recién llegados a la política. Hilda Sábato en un texto narra cómo las protestas de diferentes sectores sociales porteños utilizaban los medios a fines del siglo XIX.

Héctor Schmucler, Especialista en comunicación

"Lo mediático en la política es parte de el sistema de orden económico-cultural que domina el planeta"


Ex director de la Maestría en Comunicación y Cultura Contemporánea del Centro de Estudios Avanzados, de la Universidad Nacional de Córdoba, considera que la política se ha transformado en una “gran construcción de orden mercantil”, en el que se privilegia acumular fuerzas para ganar votos.
Profesor Emérito de la UNC y coordinador del Programa de Estudios de la Memoria en el CEA, destaca que dentro de ese contexto, entiende la presencia de lo medios de comunicación como integrantes de una estructura política de tipo comercial, usados para tal fin.


-¿Qué particularidades propician las nuevas instancias mediáticas como lugares de producción de sentido político?

-Empezaría por otro lado. Para poder reflexionar sobre lo mediático como cultura de la época y lo político, habría que hacer una introducción que consiste en señalar que lo mediático domina todo. Lo mediático se ha transformado en dominante por distintas circunstancias, en las cuáles el eje lo cumple las formas actuales de la estructura socioecónomica-cultural del mundo, caracterizada por el domino casi absoluto de lo mercantil como centro de estructuración de la relación entre los seres humanos. Que este modelo de relación humana haya sido atravesada por lo mercantil es el punto de partida para pensar el papel de lo mediático. La mediatización de las relaciones sociales y humanas tienen que ver con un orden cultural, económico y político que domina cada vez más el mundo. Para decirlo de otra forma, son los rasgos del capitalismo contemporáneo en el cuál lo mediático es parte de ese sistema global de orden económico-cultural que domina el planeta. Está el proyecto, la idea y la necesidad de un capitalismo globalizado que estimula sus instrumentos, entre otras cosas lo mediático. Somos parte de una misma voluntad cultural y no meros instrumentos ocasionales. En eso se incluye lo político, porque lo político también pasa a ser cada vez más una especie de gran construcción de orden casi mercantil. Las viejas ideas de proyectos más o menos autónomas de sociedades, de aspiraciones de cambios de la sociedad y de organizar a las sociedades ha derivado en la aceptación del “proyecto”, entendido como dado, como aceptado. No se está hablando de transformaciones de los modelos sociales existentes sino de quién va a controlar esos modelos y para esto la política se ha vuelto una pura negociación para acumular fuerzas, fuerzas que pueden reportar votos. El gran negocio es juntar fuerzas y ahí entra en escena lo mediático. Así como se vende un dentífrico, el rostro de alguien, una idea de alguien sobre tal cosa, el deporte o como se vende el “alma”, así se vende lo político. Lo mediático no es que modifique lo político, es parte del ser político. No se concibe una política sin este instrumento, pero exactamente si uno pone una empresa de venta de televisores, uno de los puntos de partida es la promoción pública. No hay diferencia. Lo que se llama política ha ido perdiendo toda pertinencia, para ser simplemente un proyecto de acumulación de fuerzas a través de alianzas de conveniencias, como un socio se junta con otro socio para poner una empresa. En todo el mundo es similar y la Argentina es parte de eso. Lo mediático es el instrumento actual de venta de candidatos, no distinto de lo que ocurre en Francia, en Inglaterra o en Alemania, países con una situación política y económica distinta a la nuestra. Mi punto de referencia, entonces, es la sociedad que se ha constituido y los modelos culturales aceptados cada vez más por sectores más amplios. No es un grupo que lo impone, aunque hay grupos que lo tratan de imponer, sino que desgraciadamente es el sentido común. Parte muy importante de la población lo ve como un hecho natural y sobre todo los más jóvenes, porque lo más jóvenes no tienen el referente de otra forma de hacer política que no sea la del negocio. Pensar la política como una vocación, como una voluntad de realización de sí mismo, por lo tanto como una entrega generosa, no vinculada a intereses materiales directos, hoy es casi inconcebible y es tan inconcebible que se naturaliza, de que todo es una transacción, todo es una compraventa. Esta es la tragedia contemporánea que vivimos. El mundo entero está constituido en una especie de gran supermercado donde todo se compra y se vende. Esto se conecta con el orden de valores sobre los cuáles se monta una cierta imaginación de lo que tendrían que ser las sociedades y los seres humanos. Hablo desde la protesta, desde lo que no me gusta. Son concepciones de tipo ético-filosóficas, de un sentido del ser humano en el mundo. Si no vamos hasta esta hondura, todo lo demás se vuelve superfluo.

-Los medios de comunicación adquirirían para Jesús Martín Barbero el status de “ciudadanización de la política”, como un proceso de expresión de intereses y anhelos adheridos a las lógicas mediáticas, como efecto de la caducidad de las estructuras representativas propulsoras de proyectos colectivos. ¿Esta concepción no deja de lado la posibilidad de reconstituir lazos políticos perdidos entre representantes y representados, al hacer recaer demasiadas atribuciones en las diferentes modalidades de la comunicación?


-Sí, definitivamente. Se vuelve a las viejas ideas que el propio Jesús Barbero ya las había criticado en su momento. No hay una pureza de la política y los medios. Hoy en día, por las razones anteriormente expresadas, está absolutamente vinculado. No sé como se revierte esto sino no hay otra concepción de lo político. Lo central no está en los medios, que no son más que instrumentos centrales para hacer política, sino en la concepción de la política. La falta de proyectos alternativos a los existentes, que es la posibilidad real de una política, inhibe de generar otras formas de acción y como lo mediático atraviesa todo, sería inconcebible hoy, como señalé, algo que no pase por lo mediático. Nada deja de pasar por esta red cada vez más amplia, que cada vez tiene más forma técnica diversa desde lo mediático tradicional hasta las redes, como una gran trama por donde circula una forma de ejercer distintos proyectos. El proyecto político si pretende pugnar por otro modelo de sociedad de hecho se inhibe a ser puramente mediático, porque en la concepción de lo político transformador, innovador, que tiende a subvertir las formas de la sociedad contemporánea, no se contenta con simplemente salir en televisión, porque pretendería tal política ganar la voluntad de las personas y no simplemente venderles cosas. No se trata simplemente de hacer un acto en el centro con 25 personas, cuatro bombas y cinco cámaras de televisión: así este grupo ha tenido un triunfo enorme porque todas las cámaras lo han sacado; eso no convence a nadie. Pero lo político en otro sentido, en el sentido de proyectos de sociedades distintas a la que tenemos, necesita de la voluntad, de la convicción para actuar y vivir de otra manera y no sólo de la adhesión. A veces esos proyectos políticos innovadores, transformadores, “subversivos” en el sentido más fuerte ya que subvierten el orden existente, requieren renegar de muchas de las cosas por las cuáles hoy la política gana adeptos. Esa política no necesita lo mediático, porque no se vende. Es un problema de convicción personal, la necesidad del diálogo, de la interacción entre la gente, no la de conquistar votos. Mientras la política sea la pura conquista de votos, hoy no hay más solución que lo mediático, no hay otro camino. Pensar que lo mediático jibariza, achica, reduce, degrada la política es pensar que hay una buena política, cuando en realidad la política está planteada así. Los candidatos que hoy están en circulación en la nación, en la provincia y en el municipio no piensan más que en términos mediáticos, no porque estén pensando otra política, sino porque ese es el objetivo, como ganar votos. Esto tiene cierta lógica y no habría que escandalizarse. Un personaje denostado, vilipendiado, un mes antes pasa a ser aliado de aquel que era su enemigo, porque es un negocio.

Proyectos personalistas


-La mediatización de la política, por sus modos de funcionamiento, ¿profundiza los estilos de liderazgo personalista, en detrimento de las instituciones? ¿Ante esta realidad, qué nuevas estrategias de poder se plantean?


-Es evidente que hay personas, no hay ideas. Lo único que ve en las calles son figuras que tienen un prestigio previo porque han sido buenos deportistas o actores, pero nadie expone ideas. No hay debate, sólo cosas generales que todos coinciden. Que candidato no va a decir que no se va a preocupar de la salud, la seguridad y el empleo. Es más de lo mismo y son rostros. A tal punto llega el personalismo que es exactamente lo mismo que Susana Giménez, que es una de las que vende su show, su presencia, su mitología, la imaginación colectiva y una ilusión. Dentro de eso no hay un proyecto, salvo la cristalización en una persona de una especie de esperanza de algo colectivo, que se va convirtiendo en un modelo. Sería interesante hacer un estudio para ver quién reconoce detrás de los rostros partidos político qué representa cada uno, máxime en un momento como este, donde la gran parte de los candidatos son la “promesa” no de la adhesión al poder central, sino la promesa de quién va a conseguir más plata del poder central. Se dice que “yo voy a conseguir más plata porque soy amigo del Ministro de Transporte”, que es kirchnerista y el otro dice que “va a conseguir dinero porque Kirchner lo recibe”, pero en realidad no son adhesiones de ideas, son adhesiones de negocios. El gobernador de éxito es el que más plata pide y consigue de la Nación. Mientras la soja siga produciendo los millones de dólares que van quedando en las arcas del Estado, es difícil pensar que puede haber una puja de ideas. Se puede hablar del medio ambiente, pero yo nunca escuché a ningún político que dijera que habría que controlar la producción de soja, aún cuando en otros espacios reconozcan de que esto puede ser fatídico para el porvenir del país. Cuando la responsabilidad alcanza al presente y no al futuro, no puede haber proyecto. No hay proyecto político ni una auténtica política sin pensar en el futuro, sin hacernos responsables nosotros también de nuestros hijos, de nuestros nietos, pero no porque sean nuestros hijos o nietos, sino en un sentido de solidaridad de aquellos que vienen.


-¿La video política, como la concibe Giovanni Sartori, implicaría una pérdida de la capacidad de análisis y reflexión del ciudadano en la ponderación del significado y de las formas en que se enuncia la política?


-Lo que se pierde, o tal vez nunca existió, es el sentido de lo político, en cuanto no a una mera acumulación de poder, sino como proyectos diferenciados de estructura de la sociedad. Esta es la gran crisis. Estamos ante el fin de la historia, como se ha dicho tantas veces, porque no hay proyecto alternativo, salvo matices. No hay otra manera de existir, sino la de uno cada vez más poderoso económicamente que da satisfacción a apetencias que se han ido generalizando. Hasta hace algunas décadas, había la idea de sociedades pobres como sociedades de hombres ricos espiritualmente. Este es un proyecto. La idea del socialismo originariamente, para muchos tenía este sentido, no la acumulación de riqueza sino de la posibilidad de desarrollo de cada uno en toda sus capacidades, en toda su plenitud, en sentirse en seres humanos cuya vida tiene algún sentido. A medida que ha ido triunfando e imponiéndose la cultura de la pura riqueza, esto ha quedado en el campo de lo ridículo, que mueve a risa o a lástima. Sin embargo, es el único camino de real transformación porque se muestra que donde abunda la riqueza no necesariamente abunda el bienestar humano. Y si la mira de un proyecto político no es el bienestar de los seres humanos, no tiene mucho sentido.

Democracias de opinión


-Los cambios en los modos de hacer política, privilegiando su forma mediática, ¿impondrían, como afirma Beatriz Sarlo, la vivencia de un nuevo tiempo demarcado por una democracia de la opinión en contraposición a una democracia de las instituciones?


-Me parece que van vinculadas las dos cosas. Si no piensa que debe haber un franco debate, si no se piensa que hay por debajo de todo interés o por encima de todo interés la voluntad de la verdad, producto de la confrontación de ideas y de proyectos, si la opinión está condicionada por las consecuencias de ganancia o pérdida que se va a tener, todo lo que se puede llamar democracia, la participación colectiva de la gente en el interés público, se vuelve puramente retórico. Este es el punto clave, de cómo evitar el miedo a decir algo, de pensar con libertad. La democracia si no tiene como sentido el poder hablar sin temor, no sirve para nada, no llena el ideal que la proclama. El tema es más amplio que la pura relación mediático-político. Hay una manera de pensar en que sentido los seres humanos vivimos plenamente nuestras vidas y no somos simplemente tuerquitas de una gran máquina que no hemos construido nosotros.


¿Qué tipo de gestión de la política se construye a partir de la preponderancia de los sondeos de opinión? De la forma como observamos son adoptadas actualmente las encuestas por los políticos, ¿no implicaría dar paso al imperio de la mayoría, promoviendo un espacio de decisiones políticas delimitados por la unanimidad y la homogeneidad?


-La política hecha con encuestas es ver cómo mejoramos el producto para que lo compre más gente y lamentablemente este es el criterio dominante de la política, desde las estructuras estatales hasta el último grupo de acción política aspirando a llegar al gobierno. La concepción es como me acomodo, como acomodo mi pensamiento para ganar cada vez más votos, qué puedo decir y que no puedo decir. Implica que hay una verdad que no puedo decir porque hay 55 votos que pierdo, entonces “me la trago”. Pero así estamos construyendo una política de las encuestas. Significa porqué lado le buscamos para que más gente lo compre, dentro de ciertos parámetros, pero que tiene como objetivo la captación del “cliente”. Cuando la política es mirar el mundo como cliente, para que compre un candidato, estamos ante la situación de repensar todo lo que significa la política.

Mario Riorda, Politólogo

"No siempre la comunicación política articula decisiones: son las decisiones las que debieran articular la comunicación política"


Puesto a analizar el fenómeno de la mediatización de la política, Mario Riorda considera que existe una colonización de la comunicación en la política, producto del resquebrajamiento de las identidades vinculadas al sistema de partidos tradicionales y al predominio de la “personalización” de la política.
Decano de la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Católica de Córdoba, profesor de Política y Comunicación el la carrera de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales (UCC) y de Políticas Públicas II, en la Maestría en Gestión Política (UCC), sostiene que estas identidades se encuentran en un camino intermedio entre un proceso donde se yuxtaponen “lo viejo que no ha desaparecido, con lo nuevo, que no ha terminado de consolidarse “.
Sobre la influencia de los sondeos de opinión, remarca que las encuestas no alteran permanentemente los puntos de vista de la población y desmitifica su poder al asegurar que “ni siquiera son el reflejo constante de lo que piensa la población”.
Niega que la sustitución de actores, con la incorporación de deportistas o personas del mundo del espectáculo, provoque una despolitización del espacio público y afirma que estas experiencias demostraron “que han tenido tantos aciertos y tantas fallas como los políticos tradicionales”.
Riorda es además profesor en la Maestría en Gestión de la Comunicación de las Organizaciones de la Universidad Austral, del Instituto Universitario de Investigación Ortega y Gasset, España, del Doctorado de Ciencias Políticas del Centro de Estudios Avanzados, de la UNC, y enseña en distintos posgrados en España, México, Perú, Uruguay, Portugal y Canadá.
Realiza consultoría estratégica a gobiernos y partidos políticos: recientemente se convirtió en flamante asesor del gobernador de Misiones, Héctor Rovira y fue asesor del candidato a intendente de Córdoba por el Frente por la Victoria, Héctor Campana.
Publicó recientemente el libro “La construcción del consenso: gestión de la comunicación gubernamental”, en autoría con Luciano H.Elizalde y Damián Fernández Pedemonte.


-¿La mediatización de la política supondría plantear una política de la inmediatez, dejando de lado la formulación de planes y proyectos de largo plazo, que necesitan un mayor tiempo de reflexión y de implementación, como la contracara de la construcción que formula la lógica mediática, vinculada al corto plazo?

-En realidad la inmediatez que se tendería a imaginar efectivamente “mata” el largo plazo. Si se lo analiza desde una frase muy en boga actualmente, que es el concepto de “campaña permanente”, uno imaginaría que la respuesta sería obviamente sí. No obstante ello, depende más de la calidad de los políticos y del nivel de dificultad que se tenga en cada contexto donde los políticos actúen y digo básicamente esto, porque aquellos políticos que se podrían definir subjetivamente como estadistas, aunque juegan el corto plazo, incluso con jugadas muy brutales, muy explícitas o muy en campaña permanente, jamás abandonan la idea de proyecto a largo plazo, como norte, como rumbo o como “mito de gobierno”. Para que exista un mito de gobierno, se necesita para ello, un nivel de instalación de la lógica de largo plazo, que obviamente se traduce o queda instalada como una política de todos, como una política de Estado, como suelen utilizar muchos políticos sin saber que significa ello. En realidad cuando esto se logra, efectivamente puede coexistir el largo plazo con el corto plazo, es decir con la inmediatez. Aunque uno tenga una visión de largo plazo, visto desde la lógica política y como lo retransmiten los medios, nunca el largo plazo es más importante que el corto plazo. Lo mismo diría del corto plazo en relación al largo plazo. El día a día, que es el corto plazo es tan importante, ni más ni menos, que el largo plazo. Uno hace a la meta; el otro hace a las respuestas cotidianas. Ambos son necesarias.


-¿Las identidades políticas no terminan de licuarse o desdibujarse frente a las nuevas formas de ejercer la política mediante los medios de comunicación? o por el contrario, ¿las identidades políticas propician, ante esta nueva realidad, mecanismos distintos de realización?


-Si se consideran que las identidades políticas son estancas o estables, se caería en un error muy fuerte. Es probable que lo que se esté desdibujando o licuando sean aquellas identidades que corresponden, literalmente, al sistema de partidos tradicional tal como se conocen. Si imaginásemos rápidamente cuál es el sistema de partidos, en otro contexto, pero preferentemente en Argentina, diríamos que el sistema de partidos, de forma simplificada, es el clásico “uno versus uno” ; “blanco o negro”; “River versus Boca”; “PJ versus UCR”. Es mucho más complejo el tema, en el sentido que las identidades nunca se pierden. Tan sólo se trastocan o mutan las identidades del sistema político tradicional. En este momento y particularmente en referencia a lo que retransmiten los medios, se puede establecer que los medios no son ni culpables ni neutros, simplemente son una correa de transmisión de un fenómeno increíblemente importante que está trastocando los modos de entender la política en la actualidad, que es un problema estrictamente argentino, pero que también es un problema fuertemente latinoamericano, que lo constituye el rompimiento del sistema de partidos. Cuando se rompe el sistema de partidos estallan los partidos -recordando que el año pasado se oficializaron 500 partidos en Argentina-, estallan las identidades a la vieja usanza y se producen reacomodamientos. Estos reacomodamientos están hoy en un proceso que denomino de “transición estructural ”, que implica que es una transición que probablemente no tenga una salida inmediata hacia un nuevo sistema de partidos. Recién ahí probablemente, estemos nuevamente en alguna etapa de estabilidad de las preferencias políticas, de las identidades si se quiere. Más que licuarse las identidades, simplemente se transforman hacia un proceso que todavía hace coexistir lo viejo, que no ha desaparecido, con lo nuevo, que no ha terminado de consolidarse. Voy a dar un ejemplo. Hace poco tuve la oportunidad de trabajar en la campaña para la elección de gobernador en Catamarca, donde se produjo un hecho muy curioso: uno de los personajes más nefastos de la historia argentina contemporánea y del presente argentino como Luis Barrionuevo, tenía una intención de voto del 26% exactamente a su imagen negativa; todo el resto era imagen negativa. El voto real obtenido en el escrutinio fue del 36%. Hubo casi un 10% de la población, que pese a su imagen negativa, lo terminó votando, aún cuando las encuestas decían lo contrario. Podemos leer ese dato en el sentido de que el “pataleo” de las viejas identidades políticas, en ese caso el peronismo, todavía están coexistiendo con un nuevo modo de organizar las identidades. Incluso Catamarca fue la primera demostración pública del “River-Boca” jugando juntos, es decir del Frente Cívico-Social, con predominio radical, con el Frente para la Victoria, con predominio justicialista. Aún cuando las encuestas no lo determinaban, casi un 10% de la gente terminó votando con una identidad tradicional, frente a una propuesta electoral absolutamente novedosa en ese escenario.

El “orden” provisto por la comunicación política


-¿Hasta que punto la comunicación política, como sostiene María José Canel, articula la toma de decisiones políticas así como la aplicación de éstas en la comunidad?


-No siempre la comunicación política articula decisiones, sino es lo inverso, son las decisiones las que debieran articular la comunicación política. Si se considerase lo contrario, se generarían constantemente ficciones comunicativas, como creo que se generan. Las ficciones comunicativas se destacan por constituir un proceso de sobreestimación de expectativas indebidas, en el sentido de que la comunicación es más importante que la decisión política previa que daría origen a la comunicación. La comunicación entendida estratégicamente es un elemento transversal y es la política asimisma, solo que visto desde otro prisma. ¿Siempre el resultado de la comunicación política, especialmente la opinión pública, condiciona a la decisión política? La respuesta es no. Traigo a colación una expresión japonesa que es importante y que se denomina “Kuki”. Esta expresión representaría “el clima de opinión”. Es una expresión utilizada por Elizabeth Noel Newman, en el Espiral del Silencio, que va mucho más allá del clima de opinión. ¿Con qué identifican los japoneses al Kuki? Normalmente con una época histórica que determinó a los políticos japoneses a tomar decisiones pronacionalistas, entre otras cosas ir a la Segunda Guerra Mundial, cuando en realidad el imperio japonés de ese momento no tenía la fuerza suficiente para enfrentar una guerra, por lo menos frente a un coloso de ese momento como era Estados Unidos. Primo allí una determinación muy fuerte de la opinión pública, como efecto de la comunicación. Pero el clima de opinión de la opinión pública, como efecto de la comunicación política, no es lo mismo que el Kuki, porque el Kuki es el resultado de la comunicación política, en tanto opinión pública, pero que determina a los que toman decisiones. El clima de opinión, en todo caso, condiciona y es un elemento más. En el Kuki es un elemento, como señalé, que determina la toma de decisiones, a favor de una acción o una circunstancia particular. No siempre se da esta relación tan directa y depende de los contextos. Particularmente en contextos de crisis la toma de decisiones orientadas en función del estado de la opinión pública, como reflejo de la comunicación, es probablemente mucho más corta.


-Para el sociólogo en comunicaciones, C.W.Mills, el objetivo de los mensajes en los medios, con apelaciones a actitudes irracionales, censura o invención de informaciones, no redundaría en el esclarecimiento y la promoción de una acción política en defensa de una ideología sino más bien en la neutralización política de la mayoría, excluida del sistema de poder. Con relación a esto, ¿los medios jugarían este papel de consolidación y perpetuación de un determinado statu quo, con el objetivo de impedir el cambio político y reforzar estructuras de un “orden”, entendida en su acepción más general?


-El pensamiento de Mills es absolutamente respetable pero ha quedado viejo: pensaba en un viejo sistema de medios que obviamente no es el actual. En el viejo sistema de medios la idea de que muchos-pocos informaban a todos. Hoy, especialmente con el auge de las nuevas tecnologías, todos informan a todos y todos se informan de todos. En este sentido la lógica del statu quo es una posibilidad, pero también puede existir lo contrario. En realidad lo que plantea Mills está muy cercano a la idea de que se conocía como el modelo clásico de investigación, el cuál era pensado en su momento con una televisión incipiente e imaginaba que los cambios políticos eran mínimos y siempre se favorecía el status quo. Actualmente existen situaciones de medios más cerrados donde eso puede darse y existen también situaciones de sistemas de medios abiertos, donde eso es impensable y absolutamente improbable. Esta idea tipifica un sistema de medios homogéneo que no es tal. La existencia de mensajes en los medios como si hubiera una sola sala de redacción, un solo productor, un mismo esquema ideológico y una misma articulación de intereses, particularmente de “sponsoreo” de los medios. Esto no es así de ninguna manera y cada país, cada provincia y cada municipio es un mundo aparte en el sistema de medios, con su propia definición legal del sistema de medios y por ende los efectos de los medios de comunicación, llamase irracionalidad, censura o desinformación no son homogéneos.

La agenda política en base a encuestas


-¿De qué forma la ingerencia o preeminencia cada vez mayor de la opinión pública condiciona las nuevas formas de hacer política y la disposición de sus prácticas concretas?


-En el marco de la opinión pública hay que separar claramente algunos procesos más estables de la opinión pública con algunos procesos más inestables, dinámicos o coyunturales de la opinión pública, que son los que normalmente reflejan las encuestas. Las encuestas no cambian los puntos de vista a cada rato de la población, ni siquiera son el reflejo constante de lo que piensa la población. Las encuestas tienen muchas manipulaciones. Asimismo, existen situaciones donde las encuestas pueden producir efectos, lo que nadie sabe es hacia dónde produce el efecto, si hacia arriba o hacia abajo. Por ejemplo, todos los políticos que están segundo, tercero o cuartos, tienen miedo que se publique una encuesta al final de la campaña, porque cree que eso va a favorecer al que está primero. Esto se denomina en inglés el efecto “Banwine” o subirse al “carro del ganador ”. Esto es un efecto probable pero no siempre se da eso. Tranquilamente puede darse un efecto contrario, como se ha dado muchísimas veces, donde un candidato ganador, con semejante distancia que tiene, produce un voto estratégico a favor del segundo, precisamente para acortar distancias, en el marco de un poderío excesivo hacia alguien. Las encuestas muchas veces producen efectos pero nadie sabe para dónde. Cuando hablo de las encuestas, me refiero a uno de los modos de cristalizar la opinión pública. Existen encuestas que probablemente son las menos perjudiciales para los políticos pero para mi entender son las más perjudiciales para instalar temas, especialmente cuando las encuestas son sesgadas a favor de alguien, que son las encuestas preelectorales. Las otras hablan tan solo de una opinión que tienen en cuenta la intención de voto. Estas instalan temas y cuando instalan temas son los que curiosamente, a aquel que tiene más poder de agenda, le resulta más cómodo hablar durante la campaña. Normalmente estas encuestas no se critican, son habituales y muchos más peligrosas en el objetivo de instalar agendas. Es probable, que a partir de aquí, se vayan gestando climas de opinión, pero es algo tan causístico y tan variable que sería difícil teorizar para todos los contextos.


-¿La selección de candidatos mediante las encuestas no rebaja la calidad de la política que se ofrece al ciudadano o por el contrario, puede ver desde un lado positivo porque obedece al mandato de una “democracia de la opinión pública”, reflejando el deseo de la mayoría?


-No tengo una posición tomada. Está claro que existen muchos autores que critican la democracia, como democracia de baja intensidad, delegativa y mucho más reciente democracia plebiscitaria. Desde ese punto de vista, para esos autores, caso Giovanni Sartori quien habla de democracia plebiscitaria, la selección de candidatos a través de la selección de encuestas sería claramente algo negativo. La pregunta es con que características históricamente se decidía antes, cuando la lógica mediática no era tan fuerte y cuando no existían las encuestas. No se era ni tan transparente como se quisiera, ni tan democráticos como lo imaginaríamos. Sea porque la democracia como tal en sentido clásico nunca existió; sea porque la cantidad de contubernios con los cuáles antes se seleccionaban los candidatos, seguramente dejarían actualmente a más de uno espantados. No es ni mejor ni peor, solamente es. Es un dato que en realidad es un reflejo de una época, en donde existe una colonización de la comunicación o del sistema de medios en la política. La política está claramente colonizada por el sistema de medios, le imprimió su lógica y a partir de esa lógica la política responde. Unos de los modos de responder por estos mecanismos de selección, que insisto, no son ni buenos ni malos y son absolutamente tan válidos y legítimos como cualquier otro.


-¿Cómo se estructuran los mecanismos a partir del cuál la mediatización de la política favorece el ingreso de figuras ajenas al mundo de la política, como deportistas o personas vinculadas al espectáculo –aunque también se suman periodistas, empresarios, entre otros-como los casos más destacados de la incorporación de ciudadanos extrapartidarias? La sustitución de actores ¿provoca una despolitización del espacio público y esto se ve promovido por la misma lógica mediática?


-No de ninguna manera implica una despolitización del espacio público. En todo caso se verifica un reordenamiento de la escala de valores del espacio público. Al respecto, coexisten varios elementos: en primer lugar, como decíamos, la colonización política por parte de lo medios, como dato incuestionable; en segundo lugar, el rompimiento del sistema de partidos y este rompimiento produce como una consecuencia directa, lineal y visible en el cuál priman más los líderes y personas por sobre los partidos, lo que se denomina la “personalización de la política”. También en el marco de todos los ejercicios estratégicos de la comunicación política, la personalización está acompañada de otros elementos: campañas negativas y enormes procesos de emotividad asociadas a la comunicación. En esta lógica es probable que muchas personalidades que vienen por fuera de las estructuras partidarias, tengan posibilidades ciertas, especialmente por sus niveles de conocimiento, por su adhesión pública, por sus niveles de popularidad, de “cabalgar” sobre esta lógica con facilidad, que notablemente los políticos no tienen o por lo menos muchos no tienen. No es un proceso que implica despolitización. Es un proceso que transforma el espacio público. Es probable, es imaginable pensar que esta “gente” no se ha formado, no ha hecho el curso “honorum” que se imaginaría de un político en el marco de la experiencia, pero también conociendo a los políticos, aquellos que han permanecido mucho tiempo a lo sumo pueden tener mañas pero no necesariamente conocimientos ni formación. Las experiencias también de todos los “outsiders”, o nuevos en política o extrapartidarios, en el marco de la causística, en el marco de la evidencia empírica, ha demostrado que han tenido tantos aciertos y tantas fallas de una manera equivalente que el político tradicional, con lo cuál tampoco me preocupa este tema. Existe gente inteligente que, aún viniendo de fuera de la política, tiene actitudes realmente fenomenales.

Política comunicacional K: remarcar los éxitos de gestión

“El gobierno de Kirchner maneja muy bien el aparato de difusión pública. Hay una cantidad de sectores, incluidos dentro de los medios, de acuerdo con esto “, asegura Héctor Schmucler, especialista en comunicación. Un presidente que ha demostrado a lo largo de su período de gobierno una preocupación excesiva por su imagen pública, es lo que se puede inferir del abordaje del uso de la comunicación política que se pretende transmitir a la ciudadanía.
La búsqueda constante de realizar anuncios grandilocuentes, como los proyectos de inversiones acordados con China, por un monto cercano a 20.000 millones de dólares en un período de varios años; o las rimbombantes líneas de créditos hipotecarios a tasas accesibles, destinado a la clase media.
Ambos anuncios parecieron más cercano a “fuegos artificiales” que a visos de realidad, visto su nula o escasa concreción.
Este ensalzamiento escénico queda patentizada en la decisión de dar a publicidad unicamente buenas noticias, como la caída del desempleo y de los índices de pobreza e indigencia.
Pero es imposible verlo aparecer cuando se trata de afrontar situaciones harto conflictivas,
que puedan dañar su posición política y la marcha de su gobierno: su prolongado silencio sobre la tragedia de Cromañón o la muerte del docente neuquino Carlos Fuentealba, ratifican la vía de escapar a lo que traiga aparejado situaciones conflictivas o problemáticas.
Es muy común que use como voceros de los temas críticos al Jefe de Gabinete, Alberto Fernández y al Ministro del Interior, Aníbal Fernández, quienes son los encargados de sentar la posición oficial y de comunicar lo que el primer mandatario no quiere o no puede decir.
Para completar el cuadro de política de comunicación pública, se niega a aceptar la realización de conferencias de prensa con periodistas, algo totalmente lógico y normal en la mayoría de las democracias occidentales.
Su voz totalizadora, poco permeable al posible disenso que podrían ocasionar preguntas urticantes, molestas o inconvenientes, muestran su temor a confrontar o discutir distintas opiniones o puntos de vista.


“Yo el supremo”

Schmucler destaca que “existe un exceso de cuidado por la estadística diaria, una especie de dificultad a aceptar la crítica, correcta o incorrecta y un temor de que cualquier fisura puede llegar a ampliarse y trastabillar el indudable prestigio y poder popular de votos que en este momento tiene. Se observa también un cuidado demasiado exagerado para que nada se escape. Esto no es beneficioso en la posibilidad de poder hablar sin miedo. No le hace ningún bien al espíritu de reflexión pública, que entre en sospecha los números que se dan sobre el aumento del costo de vida, en el cuál la realidad se impone. Existe el afán de controlar y de desprestigiar toda información crítica de los actos de gobierno, que no ayudan a una sana reflexión del conjunto de la población y tampoco ayuda al propio sistema de gobierno. El día que algo fracase, se corre el riesgo de que se venga abajo toda la estructura, que todo sea puesto en duda “.
No obstante, reconoce una mejora en el conjunto de la situación socioeconómica del país,
reflejado en lo que exhiben los medios y que, a la vez, condiciona lo político.
“No se en que medida lo mediático, en el sentido de la información que aparece en los medios influye demasiado sobre la voluntad política. Existe una complacencia de ciertos sectores de la población por cierta mayor capacidad económica, bienestar. Los índices son reales y este es el rostro más mostrable: disminuyó el desempleo, pese a que se amplió la brecha entre ricos y pobres. Lo político puramente, el mundo de las ideas, pesa mucho menos en la actualidad que cierta sensación de bienestar económico o de mejoría económica y esto no lo determinan los medios “, analiza Schmucler, desde su visión enfocada en la mediación dada por lo comunicacional en el escenario público.

Entre el proyecto y lo cotidiano

Sobre la forma en que el gobierno de Néstor Kirchner articula los distintos mecanismos que otorga la comunicación mediática -para imponer sus objetivos de gestión política-, el politólogo Mario Riorda expresa que “Kirchner es una mezcla con una lógica muy coherente de articulación de un largo plazo con el corto plazo”.
Las estrategias por el cuál se programa esta política que, se pretende consistente en el transcurso del tiempo, organiza un corpus sobre una idea central, direccionado sobre pautas definidas, que lo lleva a decir a Riorda que el largo plazo es “muy sistemático y muy escalonado: se inició en la campaña electoral y sigue tan vigente como antes, prácticamente sin cambiar una “coma”. Los objetivos de largo plazo son orientar la política en torno al Estado. Desde el momento que el asume, pero mucho antes, privilegia la noción de Estado, utilizando más de 20 veces esta palabra en su discurso de asunción. Se van centralizando 100% las acciones, no solo de control, sino de acción en torno al Estado: el peso que van teniendo la creación de nuevas empresas, el control de precios, del sistema judicial y el del sistema de medios, marcan una lógica”.
El corto plazo no mide consecuencias en la consecución de los objetivos planteados, conducido con mucha determinación y firmeza, caracterizado –según reafirma el Decano de la Facultad de Ciencias Políticas de la UCC- por ser “ abrupto, sorpresivo, duro, feroz, que le da vida a ese largo plazo, como éxitos constantes a modos de logros del día a día y bastante explícita en remarcarla. Desde ese punto de vista es “fenomenal”, en el marco de la forma en que articula la combinación de su largo plazo discursivo con un día a día más o menos efectivo. En la explicitación y concreción del día, se olvida recurrentemente de las formas y los modos de las prácticas institucionales republicanas, cosa que hasta ahora no ha provocado mayor daño a su imagen, tanto personal como de gestión. Aunque pueda gustar o no, hay una relativa coherencia discursiva “.
Un discurso doctrinario, de acumulación de poder y desarticulación de los focos posibles de oposición, muestran la posición en que la que se siente más a gusto nuestro presidente.
Riorda agrega dos elementos más sobre los que los refuerza Kirchner su forma de conducir este proyecto de país, el que luego es amplificado.
En un aspecto vemos lo ampuloso de “una política proactiva en el marco de los derechos humanos que se la está apropiando, aunque con cierta unilateralidad, de una manera bastante efectiva para su modo de pensar ”; por el otro, la impronta de “un modo de relacionarse con el mundo, en el sentido de que por la lógica de su visión de Estado, está priorizando determinados intereses en desmedro de otros. Los intereses están asociados a una lógica de cierto eje de centro-izquierda, de izquierda latinoamericana “.
Por su parte, el politólogo Fernando Ruiz evalúa que la estrategia comunicativa del gobierno es “muy eficaz desde el punto de vista de la acumulación de poder, pero no tan eficaz desde el punto de vista de una conducta republicana “.

Encuesto; luego decido

El complemento de la política comunicacional lo constituye el basarse en función de los datos que le acercan los consultores políticos: no parece equivocado asegurar que Kirchner es un político, como la mayoría, que hace un culto a la “encuestomanía”.
El uso de las distintas alternativas electorales, con el eje de ser aprovechadas en pos de la consolidación de su posición, surgen de la lectura de los sondeos de opinión y de las urgencias políticas del momento –vinculado a la necesidad de presentar una oferta electoral atractiva y a la imposibilidad de conseguir candidatos con chances de ganar.
Por ejemplo, un candidato de su entorno hoy puede presentarse en un distrito, para mañana postularse en otro. Es lo que sucedió con Cristina Fernández, que de desempeñarse como senadora por Santa Cruz, fue ubicada luego como postulante a senadora nacional por la provincia de Buenos Aires.
El caso del Vicepresidente Daniel Scioli es similar: parecía que iba a ser postulado a Jefe de Gobierno porteño, pero lo obligaron a “bajar” a la provincia de Buenos Aires para ser el candidato a gobernador por el Frente para la Victoria -donde las encuestas preanuncian un importante caudal de votos-, tal vez dejando un mejor lugar para Cristina, de quién se especulaba iba a ser la designada para ese distrito.
Siguiendo con esta línea, “sacrifica” dos ministros con alta consideración pública -como Daniel Filmus y Ginés González García- para introducirlos –respectivamente- en el ruedo de la compulsa para Jefe de Gobierno y legislador, intentando traspasar al terreno electoral algunos de los éxitos que se le reconocen a ambos funcionarios públicos: se puede tomar esto como expresión de esa comunicación política que remarca constantemente los logros obtenidos por el gobierno en la gestión de los asuntos públicos.
Sobre este punto, el politólogo Hugo Quiroga manifiesta que “a tono con los cambios de época el gobierno de Kirchner se apoya en una democracia de la opinión pública. La desinstitucionalización de la política también se vincula a los gobiernos personales que no favorecen ni refuerzan las estructuras partidarias y el rol del parlamento. Es decir, bajo un gobierno de la opinión pública, cuando hay una excesiva personalización del poder, en un contexto donde surgen nuevas formas de representación, se pone en entredicho la institucionalización de la política y se reduce, a la vez, el campo de actuación del parlamento. Entre los riesgos que existen en un gobierno de la opinión pública o en una democracia de audiencia o de lo público, en términos de Bernard Manin, que impone una nueva forma de representación, se pueden destacar, entonces, los que tienen que ver con una excesiva autonomía de los dirigentes, una escasa institucionalización de la política y una mayor volatilidad electoral “.

viernes 18 de mayo de 2007

Financiamiento de la política: la sospecha permanente

La publicidad política referencia vívidamente en la actualidad un aspecto trascendental al cuál los políticos le prestan cada vez más atención cuando se trata de “conectarse” con el electorado. El armado de una estrategia convincente, que seduzca convenientemente al votante - mediante mensajes destinados para ser transmitidos masivamente por los medios de comunicación-, se profundiza al adquirir importancia la comunicación política.
Una vertebración exitosa exige destinar ingentes esfuerzos económicos para ser sostenida, conformándose una realidad, al parecer inmodificable de acuerdo a la instalación de esta lógica, por el cuál a un candidato le sea imposible dedicarse a la actividad política, en el caso de que dispusiera de escasos fondos para solventar los elevados costos de las compulsas electorales.
En este contexto, resulta fundamental abordar el sostenimiento económico de las campañas políticas.
La ley nacional 25.600 de financiamiento de los partidos políticos, promulgada por el ex presidente Eduardo Duhalde, indica en su artículo 36 que “el partido y sus candidatos en conjunto, con motivo de la campaña electoral, no podrán recibir un total de recursos privados que supere el monto equivalente a la diferencia entre el tope máximo de gastos de campaña fijado por esta ley (un peso por cada elector habilitado) y el monto del aporte extraordinario para campaña electoral correspondiente al partido o alianza”.
El artículo 40 determina que “los gastos destinados a la campaña que realicen un partido, sus candidatos y cualquier otra persona en su favor, no podrán superar, en conjunto, la suma equivalente a un peso por cada elector habilitado para votar “.
La aplicación de esta ley, con fondos del Presupuesto General de la nación, dispone de asistencia económica a los partidos políticos de la siguiente forma:
Se constituye un Fondo Partidario Permanente, que consta de un aporte anual para todos los partidos reconocidos. El 80% se distribuye en forma proporcional a la cantidad de votos que cada fuerza consiguió en la última elección de diputados nacionales; el 20% restante se reparte de forma igual entre los partidos reconocidos.
Se completa con un Financiamiento para campañas electorales, correspondiente a un aporte extraordinario que se acredita para los años en que se llevan a cabo elecciones nacionales, presidenciales y legislativas. El 90% se reparte entre los partidos y alianzas que hayan presentado listas de candidatos para elección de cargos públicos electivos nacionales. De ese 90%, el 30% es un monto igualitario para todos las fuerzas participantes; el 70% corresponde a un monto proporcional a la cantidad de votos conseguidos en la última elección de diputados nacionales.


Control

En cuanto al financiamiento de aportantes privados se encuentra regulado por la ley nacional: se impide que una empresa aporte más del uno por ciento del total del presupuesto de campaña y queda absolutamente prohibido las donaciones anónimas, de contratistas del Estado, de empresas de juegos de azar, de compañías extranjeras, entre otros.
Esta prerrogativa se aplicó por primera vez en las elecciones para legisladores de 2005.
La idea concurrente de todas estas disposiciones apuntan a reducir los gastos de las campañas, a incrementar los fondos públicos para su sostenimiento y, fundamentalmente, a regular los aportes económicos privados.
Pero, por la experiencia que se posee, lamentablemente lo que está escrito en la ley es
muy difícil de ser llevada a la práctica: los políticos y los partidos políticos se resisten a ver condicionados sus márgenes de acción y, en este sentido, ya sabemos que rara vez cumplen con las normas.
El desconocimiento sobre los gastos de las campañas políticas en Argentina son una constante.
La falta de credibilidad de los montos informados por los partidos y los candidatos, expuestos en la discordancia entre las cifras brindadas y los gastos reales de las campañas- con centro en las publicidades pautadas en los medios-, llevan a afirmar que el escrutinio de este asunto se ha transformado en una “caja de pandora”, donde todo es posible.

Tendencia global

Algunos datos de lo que ocurre en Estados Unidos sirven para tener una real dimensión de la magnitud de los dineros en danza, que por supuesto no son comparables con la realidad nacional pero marcan una tendencia incontrastable.
Serge Halimi –periodista- y Loic Wacquant –sociólogo- aseguraban en el artículo “Cuando las empresas “invierten”4.000 millones de dólares”, Le Monde diplomatique (diciembre de 2000), que “en Estados Unidos, en materia de financiamiento electoral, sólo hay tres reglas: la inflación galopante; el óbolo proviene de las empresas; no es desinteresado. ¿Inflación galopante? Cada ciclo electoral pulveriza los récords del precedente: mil millones de dólares en 1992, más de dos mil millones en 1996, de tres a cuatro mil millones en 2000. Solamente las dos convenciones políticas televisivas del verano pasado, la republicana en Filadelfia y la demócrata anual de Mali, costaron el doble del presupuesto nacional anual de Mali, con 11 millones de habitantes “.
La revista especializada Compaigns & Elections, asegura que los gastos políticos en un período de cuatro años vinculado a las campaña políticas alcanza la friolera de 14 mil millones de dólares.
En tanto, la consultora de empresas Paine Weber , tomando como referencia el año 2000, precisó que los gastos de campaña habían trepado a más de mil millones de dólares.
La política es uno de los rubros en el cuál más se invierte en spots publicitarios, solo superado por la industria automotriz y el comercio minorista y las elecciones representan el tercer ingreso en publicidad de los canales de televisión.
En las primarias de ese año, los 13 principales candidatos inviertieron 450 millones de dólares y los candidatos George W. Bush y Al Gore destinaron en conjunto 300 millones de dólares para las presidenciales.
¿Generosidad desinteresada?, se preguntaban Halimi y Wacquant en el mismo artículo.
Al respecto, traen a colación lo publicado por la revista Time Warner (del grupo AOL), que sostuvo en una de sus investigaciones que “Washington no dejó de favorecer a quienes pagan en detrimento de quienes no pagan “.
Referenciaban -en “Cuando las empresas “invierten”4.000 millones de dólares”- que “los estadounidenses que garantizan lo esencial del financiamiento electoral no representan a más del 0,1% de la población, pero tienen asegurado su acceso a los responsabilidades administrativos y parlamentarios “.
Y sus derivaciones son de una gravedad inusitada porque se enlazan con una política que obstruye el paso a nuevos referentes y, como paso próximo, activa la corrupción.
Halimi y Wacquant concluyen que “tanto dinero no deja de tener consecuencias: 92 % de los representantes y 88% de los senadores electos son los candidatos que más gastaron. A menudo, su ventaja financiera deriva del hecho que son los candidatos salientes –reelectos en el 95% de los casos- y que han hecho algunos favores tarifados “.
Complementario, la Red se convierte en un instrumento excelente para recaudar fondos: en el 2000, en las elecciones primarias para las elecciones a presidente de este país, el candidato republicano John Mcain recaudó en pocos días la cifra de 20 millones de dólares.


“Corazón” de la flexibilidad

En Córdoba, la Constitución provincial se compromete a garantizar el sostenimiento de los partidos políticos mediante “la contribución económica del Estado”.
Aunque existe una ley orgánica de los partidos políticos en Córdoba que fija la creación de un Fondo Partidario Permanente –en el cuál el Ministerio de Gobierno debe distribuir los recursos establecidos-, todavía no se ha reglamentado. Como consecuencia de esto, los partidos en nuestra provincia son financiados con fondos nacionales y aportes privados y de los afiliados.
Con relación a los aportes privados, no existen límites para las contribuciones individuales ni se obliga a difundir la identidad de los aportantes.
No se fijan límites a los tiempos de duración de las campañas electorales ni se impone topes a sus gastos.
Tampoco se establece control a lo gastado en las elecciones internas de los partidos.
Al respecto, el gobernado José Manuel De la Sota propuso, a fines de 2006, limitar a 45 días el periodo de las campañas electorales y que el Estado se haga cargo de cubrir la totalidad de los gastos de las campañas publicitarias de los partidos.
No obstante, De la Sota se olvida que su gobierno presentó un proyecto -que la Legislatura de la provincia sancionó el 20 de febrero de 2002 y fue promulgada el 22 del mismo mes-, que estipula una modificación de la Ley Orgánica de los Partidos Políticos, por el cuál se restringe los controles externos a los fondos manejados por los partidos políticos.
El artículo 52 inciso b) de la norma estipulaba la presentación de los balances “certificados por contador público nacional y por los órganos de control del partido”, pero la reforma -presentada por el bloque de Unión por Córdoba- sólo exige que dentro de los 60 días de finalizado cada ejercicio, se presente al juez electoral el estado anual de su patrimonio y la cuenta de ingresos y egresos del ejercicio “certificados por contador público nacional o por los órganos de control del partido”.
Esta ley, en plena vigencia, implica que se eluden los controles externos al financiamiento de los partidos políticos, disponiendo que los partidos pueden controlarse por su cuenta y pasan a autoregularse a través de la instancia de la Comisión Revisora de Cuentas del mismo órgano partidario.
Ya no es necesario, como se obligaba anteriormente, que los balances partidarios sean firmados por un contador público y certificados por el Consejo Profesional de Ciencias Económicas.
En un momento sensible en que la sociedad demanda a sus dirigentes actitudes y acciones transparentes en el ejercicio de la función pública, esta decisión va a contramano de esa aspiración, porque quita controles cuando debería ser al revés.
Entretanto, como sucede últimamente en cada elección que se avecina, los políticos organizan cenas con empresarios para recaudar fondos. Los empresarios concurren a todas esas reuniones aportando sus dineros -garantizando cualquiera sea el resultado que el ganador contó con sus aportes-, condicionando seguramente después la “voluntad” de ese candidato.
La magnitud de esta “forma” de obtener dinero para financiar las campañas políticas, se vio sacudida con la venta de tarjetas con montos de hasta 10.000 pesos, para la cena del postulante a Intendente por el Frente para la Victoria, Héctor Campana, realizada el 27 de abril de 2007.


Una ciudadanía descreída

El filósofo político, Diego Tatián, señala en forma pesimista, pero quizás realista, que “la transparencia de la política es una aspiración necesaria pero irrealizable “.
Doctor en Filosofía y profesor de filosofía política en la Facultad de Filosofía de la Universidad Nacional de Córdoba, reafirma que “el problema de fondo es el financiamiento privado de la política y el conjunto de condicionamientos para el desempeño normal de los políticos y de los partidos políticos. Si nos ubicamos dentro de un realismo político extricto y de lo que pasa empíricamente, siempre ha habido un financiamiento que ha sido oscuro, que no está puesto sobre la mesa. En la medida en que haya intereses y cuestiones de poder en juego, esto se va a producir. El problema es cómo reacciona una sociedad para que se de en una mínima cuota, en una mínima medida. Es inevitable que esto ocurra: siempre que hay intereses, hay gente que va a invertir en la defensa de esos intereses y, en este caso, determinados sectores políticos pueden lograr ciertos favores legales o ilegales “.
Desde hace muchos años se viene poniendo bajo la lupa los condicionamientos que la actividad política encuentra para su desempeño, agravados cada vez más por la profundización de su mediatización.
“El financiamiento de la política crea compromisos y una determinación de las acciones de gobierno: hay pactos. El financiamiento privado de la política no es gratis porque es una inversión que hace el político para la obtención de ciertas prebendas o para la realización de ciertos intereses. Es absolutamente perjudicial y antidemocrático que la política se financie, en su mayor parte, de manera privada “, razona, exhortando que “tendría que haber una igualdad de posiciones en el acceso a los medios, cosa que obviamente no ocurre”.
Actores claves de este proceso, los partidos políticos parecen mirar para otro lado y no se hacen cargo de sus responsabilidades para oxigenar una intermediación que se muestra dificultosa con la sociedad.
“Los partidos políticos hacen uso de pequeñas razones partidarias, que significa no dar publicidad ni el origen ni el destino de sus fondos. Esto atenta contra la posibilidad de un encuentro entre los políticos y la sociedad, en la medida que la gente está reclamando obviamente otras cosas “, opina.
Muchas alternativas se escuchan para revertir o modificar una situación cuestionable que daña la salud del sistema institucional argentino, impidiendo alcanzar mejores pautas de confiabilidad.
Tatián propone “no financiar a los partidos políticos en virtud de sus votos, tantos votos tantos pesos, sino que se tiene que separar estos dos elementos y promover financieramente un sistema democrático lo más pluralista posible, independientemente de la magnitud del partido político, de la cantidad de votos que obtenga. Esto mejoraría la relación con los representados en el sentido de que este es un sistema electoral chantajista, en el que en general el voto es normalmente negativo. Se vota a alguien para que no gane el otro. Si hubiera una oferta electoral real y más amplia se sinceraría el mapa político argentino. Cada uno votaría positivamente y no en contra de alguien. No hay ningún interés en promover un sistema electoral de este tipo por parte de las fuerzas mayoritarias “.

Internet: una alternativa para la comunicación política

Según datos de la consultora D’ Alessio Irol, actualmente los usuarios en la Web alcanzan los 10.320.000.
En Córdoba, de acuerdo a un relevamiento de la consultora Delfos de enero de 2006, tres de cada 10 ciudadanos de Córdoba Capital son usuarios de Internet: el 59 por ciento del sector más alto y medio utiliza la red frente a un 19 por ciento correspondiente a la clase baja.
Por lo tanto, la potencialidad que ofrece Internet es enorme y en franco crecimiento: resulta propicia para descentralizar una política de comunicación direccionada a los medios tradicionales, fundamentalmente la televisión.
La expansión y el uso de las nuevas tecnologías surgen recientemente como una vía que utilizan los políticos y los distintos partidos para desarrollar diferentes estrategias comunicacionales, que se destinan a hacer conocer proyectos, ideas e informaciones.
El mensaje emitido suma variedad y atractivo: el formato multimedial, con la combinación de texto, datos, imagen, voz e infografía multiplica las posibilidades expresivas.
Especialistas en los cambios que impulsan las nuevas tecnologías en la sociedad y la política -como Nicholas Negroponte y Alvin Tofler- destacan que esta herramienta permite una mejor representación democrática porque se incrementaría -a través de un ida y vuelta y un contacto más personalizado mediante el uso del correo electrónico- la respuesta a las demandas ciudadanas. La clase dirigente, aseveran, interpretaría estas demandas de forma más conveniente e impulsaría una superación de sus gestiones y proyectos.
Están convencidos que se facilitaría el acceso a informaciones y documentos políticos de utilidad para que la gente aumente su conocimiento sobre temas públicos.


Feedback

La promoción de foros de discusión sobre diferentes tópicos propiciarían no solo la comunicación entre los representantes y representados, sino también entre los mismos ciudadanos.
No solamente se puede estipular estrategias de comunicación para segmentos de ciudadanos sino también mantener informado -con reportes y boletines electrónicos- a distintos sectores: periodistas, consultoras de opinión pública, asesores políticos y de imágenes, etc.
Como la creación de páginas personales o blogs son accesibles económicamente, estas modalidades pueden estimular que pequeños partidos y grupos políticos se hagan conocer. Obviamente les va a ser imposible llegar a todos los públicos -como lo permiten los medios masivos-, pero es un alternativa válida por su practicidad y bajo costo.


Las campañas en la Red

En Francia, durante la campaña presidencial que se disputó el 22 de abril de 2007, el candidato de centro, Francois Bayrou instaló la idea de que se hiciera un debate entre los principales candidatos a través de Internet. Los postulantes Ségolene Royal y Jean-Marie Le Pen estuvieron de acuerdo, pero el debate se frustró por la oposición del candidato oficialista, el conservador Nicolás Sarkosy.
Los políticos comienzan a tener sus páginas personales y blogs: para esta elección en Francia los candidatos habían creado su propio blog.
Lo sucedido en el país galo recoge e incorpora la tendencia ya marcada en el año 2000 por el periódico francés Liberation, que evaluaba que “en la actualidad, la política estadounidense evoluciona a la velocidad de Internet”.
En Argentina es reciente y no está muy desarrollado el uso de la Red como vehículo de transmisión de propuestas electorales, ya sea a través de la creación de páginas personales de candidatos o de blogs.
En Córdoba, de cara a las elecciones para gobernador e intendente del 2 de setiembre de 2007, algunos candidatos ya presentaron sus páginas personales o blogs, tal es el caso de Juan Schiaretti, Mario Negri, Héctor Campana, y Ramón Mestre (h).
Se destaca la idea del candidato a gobernador por la UCR, Mario Negri: insertó un video con propaganda televisiva en el sitio de Internet You Tube, donde se puede acceder a distintos videos.
Con la tendencia de sectores juveniles marcadamente despolitizados, la comunicación por Internet permite llegar a ellos, considerando que son los principales usuarios de la Red.
Seguramente a medida que adopte más intensidad las “campañas electrónicas”, seremos testigos de nuevas formas de contacto interactivo, con la intensificación -todavía en ciernes- de la creación de base de datos con direcciones de votantes y su clasificación en segmentos, de acuerdo a que sectores se necesita alcanzar y que mensajes se pretende direccionar.

Los medios como actores políticos

“Ya no son los gobernantes ni los políticos los que dialogan constantemente con la opinión pública, ni es la soberanía popular, la sociedad, la que dialoga directamente con políticos y gobierno. El diálogo entre individuos y sociedad, sociedad y políticos, políticos y gobierno, se realiza, en buena medida, a través de los medios”.

Hugo Osorio Meléndez, catedrático chileno.



Para María Mata -directora por el Cono Sur de la FELAFACS (Federación Latinoamericana de Facultades de Comunicación Social)- los medios son los principales mediadores entre los espacios clásicos de la política, aquellos tradicionalmente legitimados -como el gobierno, el parlamento, los partidos- y el público masivo, ponderando la comunicación como “una trama compleja de escenarios, actores, dispositivos y discursos ”, según entiende la antropóloga mexicana Rossana Reguillo.
La mediación entre los “poderes” y la ciudadanía, da paso más tarde, según aseguran Stella Martini y Lila Luchessi - investigadoras en medios masivos-, a que “los profesionales de la prensa se convierten en los propios sujetos de la enunciación de la información “.
Concebido de esta forma, resulta imprescindible la disposición de una información social que tenga como objetivo el de esclarecer y ayudar a entender a los ciudadanos y considerar irrenunciable la articulación de una capacidad “crítica” que pondere que la comunicación debe contribuir significativamente al desarrollo y reafirmación de sujetos libres, responsables y protagonistas de su porvenir.
Si como estima, la antropóloga Rossana Reguillo, los principales “proveedores” de representaciones en la actualidad son los medios y las industrias culturales ”, se entiende el papel destacado que le toca a la industria informativa en la atribución de sentidos colectivos y en su disposición de “proveer insumos reflexivos para potenciar las competencias ciudadanas”.


Atribuciones

Reguillo cuestiona la perniciosa situación por el cuál “la gente considera más confiable el discurso de los medios que el de las instituciones oficiales, cree más a los periodistas que a los políticos y sobre todo –he aquí lo más peligroso-, asume que los medios de comunicación son espacios neutros dotados de una altísima legitimidad para representar los problemas y los debates nacionales. Por supuesto, esto no es homogéneo, pero los contraejemplos, es decir, la resistencia frente a unos medios todopoderosos han costado caro a ciertos movimientos sociales que son invisibilizados o constantemente cuestionados por esos espacios corporativos que controlan el espacio público. Muchos de estos movimientos terminan por ser rehenes de la fotografía que los medios construyen sobre ellos y devienen reacción y no acción política ”.
La realidad, al parecer incontrastable, de medios catapultados a una posición de privilegio, lleva a pensar que tipo de mensajes transmiten.
“Se puede acudir a múltiples relatos latinoamericanos o globales para “documentar el pesimismo” –como diría Carlos Monsiváis-, respecto a la posición estructural que ocupan en la actualidad los medios, aunque interesa más destacar que este proceso, el de unos medios que sustituyen a la instituciones, constituye –sin avanzar ningún juicio de valor- el piso en el que los ciudadanos construyen, alimentan e intercambian su noción de lo público, del país y del mundo imaginado. Y este país y este mundo que caben en los medios de comunicación son reflejos (salvo pruebas en contra) simplificadores, binarios y atemorizantes ”, valora Reguillo.
Este rol que se le asigna a los medios debe hacer reflexionar sobre qué posiciones ideológicas -y porque no políticas- se encuentran ubicados los mismos y si contribuyen a recrear y fomentar una escena social más democrática y justa.
Sobre esto, resulta apropiado traer a colación un concepto del intelectual francés Alain Minc, que habla de “la mediocridad de la información social” dispuesta por los medios masivos, en función de considerar “la denegación de la información de base sobre recursos y proyectos económicos y sociales”, como sostiene Mata.


Saber para actuar

El sociólogo C. W. Mills, especialista en comunicación de masas, señalaba que la complejidad de la estructura social hace cada vez más importante el conocimiento de los hechos sociales para decidir que posiciones políticas deben adoptarse.
Entonces, la vida de los sujetos dependería cada vez más de los mensajes de los medios, reforzado por la intención de los mismos de concitar la máxima repercusión posible sobre los temas de interés general.
La significación de las cosmovisiones construidas por las modalidades mediáticas, entonces, adopta trascendencia al reconocer -como vimos anteriormente- su influencia como hacedores de acciones de sentido público.
“A partir de estos modos de presencia emblemáticos de la ciudadanía en los medios masivos de comunicación, ellos han construido una representación de sí mismos como espacios de saber y colectivización de saber vinculados con la condición ciudadana, como lugares insustituibles para la vida en común y la producción de la política. Desde la visibilización de la exclusión hasta la proposición de alternativas para el ejercicio de las decisiones, pasando por sus ejercicios investigativos y la escenificación de debates en torno a cuestiones de la más diversa índole, la radio y la televisión se erigen a sí mismas como insustituibles recursos para la acción de las grandes mayorías sociales en tanto ella requiere de datos, informaciones y nociones que la orienten ”, destaca Mata.