“Por mediatización de la política se entiende el proceso en y por el cual los medios de comunicación masivos imponen crecientemente su lógica en la construcción de la realidad política “, asevera María Mata –especialista en comunicación-, con el agregado de que la cultura mediática actúa “sobre las prácticas políticas que se constituyeron en marcos sociales sustentados en otras tradiciones intelectuales y que durante siglos mantuvieron algunas continuidades “.Algunos acontecimientos trascendentales en la historia argentina moderna como el 17 de Octubre de 1945; el 25 de Mayo de 1973; el 1 de Mayo de 1974; el 2 de Abril de 1982;
el 10 de Diciembre de 1983 (asunción de Alfonsín que marcó el ansiado retorno de la democracia) o la Pascua de Abril de 1987, expusieron la significación que tenía el encuentro del “pueblo”.
La plaza, en su acepción más general, era concebida -según Mata- como lugar público donde se sucedían intercambios directos; como un lugar de acción, entendido como el “ágora”, es decir aquél espacio material y simbólico de la vida política en la tradición clásica.
Este ámbito, público por antonomasia, se pensaba –de acuerdo a su parecer- “como centro del reconocimiento de la política como mediación y confrontación de intereses; como la localización del actuar colectivo articulado en representaciones sociales y partidarias “.
Los cambios registrados a fines del siglo XX, de raigambre global, modifican esta concepción, como lo explica Mata: “De la plaza a la platea sería la imagen del movimiento sustitutorio que revela los nuevos espacios físicos y simbólicos que se admiten como lugares de producción del sentido político y unas estrategias propias de tales espacios, articuladas por la mediación tecnológica y el consumo cultural “.
Esta nueva manifestación de la prácticas políticas, muestra el dominio de lo mediático y su distinta realización.
“La platea como ámbito natural del espectáculo y del espectador, no identificable con lo pasivo o meramente asimilador y reproductor, pero constreñido por los límites de lo representado. La platea, por tanto, aludiendo más que a la acción a la actuación “, explica.
Ser visto para existir
En 1997, Elisa Carrió expresaba su vínculo con la lógica mediática: “Si yo no me hago visible, no existo como política; si yo no estoy en la televisión y no estoy en la radio o no estoy en los diarios, la persona que está en su casa dice: esta persona no hace nada, esta persona no trabaja, aunque ese legislador trabaje todos los días y quizás normalmente muchísimo más que el legislador que está en los medios. El que está en los medios no está trabajando, hay un tiempo ahí que falta. Sin embargo, el problema es de representatividad, cuando yo soy elegida y no estoy en los medios no existo y mi representado cree que yo no trabajo, lo cual es un problema de legitimación muy difícil “.
De forma descarnada, la candidata a presidente por la Coalición Cívica –“mimada” por la comunicación mediática- exponía la angustia existencial que les genera a los políticos la imposibilidad ver valorada su tarea cuando son incapaces de ser “alumbrados” por los medios masivos.
Se confirmaría la presunción de la antropóloga mexicana Rossana Reguillo, de que la comunicación mediática supone un espacio social que “autoriza o desautoriza”.
“La televisión es el oxígeno de la política: las multitudes de políticos que sólo se conciben si la televisión los toma en cuenta. Por eso uno sabe que un polítivo es quien salen en la TV y aspirantes a políticos son aquéllos que no lo hacen, aunque pueden ser perfectamente diputados o gobernadores “, concibe Carlos Monsiváis, escritor y periodista mexicano.
¿Cambio para peor?
Este “cambio de escenario”, por el cuál los actos políticos no se organizan más en grandes escenarios públicos -caso La Plaza de Mayo-, con suerte se traslada a lugares cerrados como teatros y polideportivos de clubes.
Pero lo que verdaderamente les preocupa a los políticos es la imposición de la platea como nuevo escenario donde se deciden las pujas políticas, su establecimiento y su probable legitimación.
Irremediablemente observamos la desintegración de las estructuras tradicionales que dotaron de sentido a la presencia de los sujetos colectivos y el debilitamiento de las militancia y del proselitismo.
“Lo que está en crisis –o por lo menos lo que se ha transformado- son unas formas orgánicas de representación y participación en el poder que, por mas que nunca se hayan realizado plenamente en nuestra sociedad, aseguraba efectiva o imaginariamente a múltiples actores la visibilidad social que hoy reclaman desde la plaza pero que sólo pareciera realizarse desde la platea, en ese espacio virtual que la televisión pero también la radio y los medios en general, prometen y realizan emborronando otros sentidos de la acción “, expresa en forma pesimista Mata.
Coordinadora de la Maestría en Comunicación y Cultura del CEA, ahonda más su desencanto con el predominio de estas mediaciones configuradoras de una nueva subjetividad política, catapultadoras de un status ingobernable de la televisión: “Es decisivo reconocer que junto a esa ciudadanía que pugna por desarrollarse y reconfigurar lo político y los modos de pensar el poder, desde el mercado mediático se busca diluir toda posibilidad de reconstrucción de lazos y proyectos comunes “.
La fragmentación política- social producida por esta modalidad encontraría su explicación en que “la mediación es entendida como un mecanismo que permite establecer lazos, vínculos entre actores y estructuras ajenas –o por lo menos alejadas- de la vida de cada quien, como intervención deliberada en ese espacio vacío “, reafirma la coordinadora del área de investigación de ALER (Asociación Latinoamericana de Educación Radiofónica).
No hay comentarios:
Publicar un comentario