Producto del desdibujamiento como partido opositor de la Unión Cívica Radical y de la incipiente crisis del bipartidismo en Argentina, surge a comienzos de la década del 90 el Frente Grande.Sus orígenes se remontan al “Grupo de los 8”, un conjunto de diputados justicialistas –encabezados por Carlos “Chacho Álvarez- que deciden abandonar el partido, desilucionados con el rumbo que adoptaría el gobierno del Presidente Menem.
La resonante y hasta sorpresiva victoria de Carlos Álvarez en 1993 -en elecciones desarrolladas en la ciudad de Buenos Aires-, visibilizó ante los ojos de la opinión pública el surgimiento de un nuevo espacio político.
El espaldarazo que significó este logro sacudió los cimientos de la política argentina de mitad de la década de los 90, respaldado en un discurso nuevo y supuestamente -destacaban sus miembros- transformador de las estructuras institucionales.
La crisis de las lealtades partidarias y del voto cautivo favorecen la aparición de esta nueva fuerza política, que sustenta su propuesta en una crítica a la política tradicional y a los partidos y aparatos tradicionales.
El Frente Grande junto con el Partido País, Democracia Cristiana, Partido Socialista Popular y Partido Socialista Democrático forman en 1994, El Frente País Solidario (Frepaso), nombre que adopta esta coalición con vistas a las elecciones presidenciales de 1995.
Luego de un proceso de elecciones internas abiertas para elegir candidato a presidente, la dupla José Octavio Bordón y Carlos Álvarez alcanza el segundo lugar en las elecciones para presidente en las que triunfa Menem.
La posibidad de quebrar el bipartidismo argentino parecía que esta vez iba a ser posible, tras el fracaso de fuerzas políticas que alcanzaron un importante caudal de votos anteriormente, como el caso del Partido Intransigente y de la UCEDE.
Dirigido a un electorado de clase media, su discurso político se basa en un contacto con el electorado mediante la intermediación que promueven los medios de comunicación, especialmente la presencia en la televisión.
El aprovechamiento de las posibilidades que otorga la presencia mediática se convierte en un “sello” distintivo de su identidad.
Dante Caputo y Julio Godio, intelectuales del partido y estrategas de su armado conceptual, precisaban, en “FREPASO: alternancia o alternativa”, que este partido era la “expresión plural de fuerzas políticas unidas por una posición común contra la regresión social y cultural que las llamadas políticas neoliberales provocan en nuestra sociedad “.
Cortocicuitos
Sin embargo, lo que parecía un proceso ascendente de consolidación de una fuerza política progresista se vio cuestionada con el alejamiento del presidente de País, José Octavio Bordón, acaecida durante los meses de Enero y Febrero de 1996.
La propuesta de ampliación del Frepaso promovida por Bordón, a través de incorporación de Gustavo Béliz a la coalición, se conoció a través de una entrevista concedida por el ex gobernado de Mendoza al diario Clarín, publicada en tapa el primer domingo de Enero de ese año.
Como su propuesta fue rotundamente rechazada por sus socios, decidió alejarse del Frepaso.
Pese a este “mal trago”, la coalición pudo recuperarse: Graciela Fernández Meijide ganaba en 1996 las elecciones para la convención de la Asamblea Estatuyente de la ciudad de Buenos Aires.
En muchos sentidos producto de la presión de la opinión pública, el Frepaso decide en 1997 establecer una coalición con la UCR: la “Alianza” triunfa en las elecciones para diputados nacionales en la Capital Federal y en la provincia de Buenos Aires. Las victorias de Álvarez y de Fernández Meijide –respectivamente- brindaron a esta fuerza una gran consolidación.
Las repercuciones no tardarían en llegar: la victoria aplastante de Meijide sobre Hilda “Chiche” Duhalde, logró generar, según el periodista Ernesto Semán, “un entusiasmo que parecía fuera de época”.
Las elecciones abiertas para elegir candidato a presidente, con vistas a las elecciones de 1999, hicieron resignar las aspiraciones de Meijide.
La fórmula que se estableció fue la de Fernando de la Rúa-Carlos Álvarez. En tanto, Meijide fue “bajada” a la provincia de Buenos Aires para competir por la gobernación frente al candidato justicialista, Carlos Ruckauf, elección que la viera derrotada tiempo después.
El derrumbe
Desde el comienzo de su gestión, la Alianza se vio desbordada por los problemas que aquejaban al país -fundamentalmente los económico-sociales- y le resultaba muy dfícil cumplir las promesas de campaña empeñadas, vinculadas a la satisfacción del mejoramiento del nivel de vida de la ciudadanos.
Las turbulencias se iban acumulando hasta que a mediados de 2000 surge un quiebre profundo: se instala un fuerte rumor sobre el presunto pago de coimas a senadores justicialistas para aprobar la Reforma Laboral. Uno de los denunciados de haber sido partícipe de esta operación de corrupción es el Ministro de Trabajo, el frepasista Alberto Flamarique.
Se suceden denuncias, desmentidos, confirmaciones. Álvarez se muestra disconforme con la actitud del gobierno frente al hecho, criticando su poca disposición a investigar lo sucedido. Su ira aumenta cuando el Presidente De la Rúa ratifica a Flamarique en el gabinete nacional, designándolo Secretario General de la Presidencia.
En declaraciones periodísticas del 12 de octubre de 2000 a Página 12, dirigentes del PSD exponen su malestar con la conducción de la Alianza y principalmente critican de forma furibunda la indefinición de Álvarez : “Pensábamos que éste era un partido de coalición, pero ni el Presidente De la Rúa, ni Chacho Álvarez entendieron de que se trata; siempre estuvimos marginados”; “Pensábamos que Chacho iba a ayudar a equilibrar el rumbo del gobierno, pero ni siquiera podíamos hablar con él, que era nuestro representante en la Alianza”; “Hoy vemos que sigue Álvarez apoyando el modelo económico y que el único cuestionamiento que hace es el ético. No se gobierna sólo con honestidad y transparencia”, traducían en palabras su molestia.
A estos cuestionamientos, se sumaba la mirada del periodista de Página 12, Horacio Verbitsky, quién en una entrevista -en la desaparecida revista Tres Puntos- afirmaba: “Chacho sigue los pasos de Menem”.
El fin
El anunciado desenlace llega en octubre de 2000 cuando Carlos Álvarez renuncia a la vicepresidencia del país a través de una conferencia que transmite la televisión.
Se produce un profundo resquebrajamiento en el Frepaso. La aceleración de esta crisis política dentro del partido instala tres situaciones: algunos abandonan el partido, descontentos con su rumbo -en abril de 2001 se produce el alejamiento de Alicia Castro, quien funda el “Frente para el Cambio” y también del Partido Socialista Democrático-; otros se alejan del gobierno pero no del Frepaso, por ejemplo, Graciela Fernández Meijide; finalmente otro grupo continúa en puestos claves de la administración de De la Rúa, caso emblemático el de Alberto Flamarique.
La renuncia de Carlos Álvarez a la jefatura del Frepaso, en mayo de 2001, refleja el desconcierto en que se encuentra la fuerza política y abre paso de forma contundente al abrupto deshilachamiento de esta constucción política.
Este alejamiento de Álvarez produce una crisis de conducción: se discute la renuncia de Álvarez por los medios en lugar de promoverse un debate político serio y profundo puertas adentro sobre las causas de esta crisis.
La indefinición traducido entre el “me voy pero me quedo”, el extravío del rumbo y principalmente la decepción que campea entre su adherentes marcan el momento por el que transita el partido esos meses, hasta que la revuelta popular del 20 de Diciembre precipita la renuncia de Fernando de la Rúa. El gobierno renunciante no solo se lleva el repudio de la población sino que también este triste epílogo determinó el certificado de defunción del Frepaso y el final de esta ilusión.
¿Y si nos juntamos?
La historiadora María Matilde Ollier, en “Las coaliciones políticas en la Argentina. El caso de la Alianza”, se refiere a las dimensiones necesarias para la constitución de toda coalición:
-En primer lugar, es necesario es construir la agenda pública a partir del cuál se oponen, constituir una identidad política en función de un “otro” opuesto.
-En segundo lugar, hay que identificar y equilibrar las diferencias ideológicas que componen las diversas fuerzas políticas que integran una coalición.
-En tercer lugar, se trata de hacer coincidir los liderazgos entre los integrantes de las fuerzas que componen la coalición.
De acuerdo al análisis que realiza Ollier, el Frepaso falló en los tres aspectos que determinan el éxito de una coalición.
La identidad política que forjó el Frepaso estuvo dada en su oposición a la gestión de Carlos Menem. Cuando el riojano deja el poder, queda un vacío difícil de llenar y si bien se sucede el apuntalamiento de un enemigo delimitado –Álvarez contra Bordón y viceversa y después De la Rúa y hasta Álvarez, para algunos de sus integrantes, como vimos en el caso de los socialistas y de Alicia Castro-, no se recrea una nueva forma de construcción sobre algo superador.
Las diferencias ideológicas nunca fueron superadas ni en el primer momento, cuando se produce el alejamiento de Bordón y se muestran las diferencias de criterios para ampliar el espacio político; ni en la coalición con la UCR, donde se registran incoherencias sobre el mejor modo de gestionar el país.
La lucha por los liderazgos siempre fueron una constante: saltaba a la vista que las ambiciones parecían estar siempre por encima del proyecto y -pese a que los encabezamientos de las fórmulas electorales se resolvieron pacíficamente mediante internas abiertas- la tensión era constante.
La “base” no estuvo
Un análisis de la causas del derrumbamiento de el Frepaso encuentra varias razones simultáneas.
El marcado privilegio de la repercusión mediática y de las encuestas y la opinión pública como articulador de la agenda política, provoca una inestabilidad estructural.
Al respecto, Juan Abal Medina (h), cuestionaba la lógica de construcción de poder: “Este partido esencialmente electoral impone a los líderes la necesidad de revalidar casi diariamente sus títulos, no ya como representantes de las creencia de la base, sino en tanto receptores de votos y de popularidad en los sondeos”.
Bordón reconocía: “Perdí la batalla comunicacional” (diario Clarín, del 12 de Febrero de 1996), para explicar las causas por la que su intención de sumar a Gustavo Béliz al Frepaso -con la idea de designarlo candidato a Jefe de Gobierno porteño-, fue rechazada en forma tajante y determinó su ida de esta fuerza.
Se constituyeron liderazgos personalistas con fuerte presencia en los medios - de corto alcance en función de las características de la lógica mediática- porque como estima Abal Medina (h), la opinión pública es maleable y esa variabilidad para no ser desencadenante de situaciones de turbulencias manifiestas, requieren de la existencia de un partido y un proyecto político sólido.
Por el contrario, el Frepaso siempre se destacó por su precaria estructura partidaria y la imposibilidad de implantarse orgánicamente en todo el país, siendo esta una de las razones de su alianza con la UCR. Su incapacidad de ampliar la base de institucionalización y de sustentación política fue muy evidente.
Fue notable también la falta de debate interno dentro de la fuerza, subsumido en un verticalismo que a veces resultó agobiante.
El tiro por la culata
El Frepaso se quiso diferenciar de las modalidades clientelares de los partidos tradicionales y reprodujo las mismas prácticas que venía a eliminar: Flamarique fue sindicado por Chacho Álvarez como uno de los impulsores de la “operación” de las coimas en el Senado. Recordemos que Flamarique era, hasta “la crisis del Senado”, el principal operador político de Carlos Álvarez y había sido previamente un importante operador y referente del bordonismo. Aunque después fue admonizado, nadie pudo dejar de hacer el siguiente silogismo: Flamarique = Frepaso = corrupción.
Lectura equivocada
Una de sus valuartes políticos, la lucha contra la corrupción, se dio de traste con la realidad.
En otro sentido, uno de los inconveniente que -según Inés Pousadela- enfrenta el progresismo político, son los límites que la economía impone a la política. La disyuntiva que se plantea es el dilema de representar a “los descontentos diversos y captar votos por un lado, y por otro proyectar una imagen de credibilidad frente a los capitales financieros”. Este dilema, que ya se venía incubando desde la campaña electoral, explotó en el inicio del gobierno de la Alianza. La aceptación de la convertibilidad y la defensa rotunda del 1 a 1 era una contradicción en si misma, porque el esquema económico que estipulaba el tipo de cambio fijo hacía imposible la intención de pretender resolver las inequidades sociales. Un esquema con un peso sobrevaluado estimulaba las importaciones -expulsora de una gran cantidad de puestos laborales- incrementando sustancialmente el desempleo.
Se llegó al colmo de aceptar y hasta apoyar el descuento del 13 por ciento a los empleados de la administración pública, medida dispuesta por el Ministro de Economía, José Luis Machinea.
Llegado el momento de efectuar un balance podemos establecer que las contradicciones resultaron flagrantes.
Por un lado, se criticaba la política de marginación económica-social que impulsaba Menem, sin darse cuenta que defender la convertibilidad era avalar el núcleo del modelo ecónomico neoliberal.
Por el otro lado, este modelo de relaciones económicas era uno de los causantes de la corrupción: para el economista Eduardo Basualdo la corrupción es constitutiva del modelo estructural del capitalismo de fines del siglo XX, inherente al modelo de acumulación actual, que se estipula en Argentina a comienzos de los 90 sobre la base de las privatizaciones.
Es difícil de determinar si existieron errores de diagnóstico o solamente primó la conveniencia: estar en contra de la convertibilidad significaba exponerse a perder votos y quien se sostiene casi únicamente en el marco de la opinión pública –a la que “alaba”-, no se puede dar el lujo de una jugada política así, a todas luces riesgosa para ese momento.
El miedo era perder su apoyo, que tarde o temprano se produjo, dejando sin reacción al Frepaso.
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